Durante los últimos nueves meses
he visto nacer vida,
frágil como son los pequeños cuando vienen
a este convulsionado mundo.
Pero aferrados a la vida,
al pecho materno,
sin quitar la mirada sobre los ojos de la madre,
o del padre cuando los cobija.
También he visto partir a seres queridos.
La muerte es un misterio que
cuesta mucho comprender.
Sin ir más lejos, que cerca estuve yo de ella
hace sólo dos meses atrás.
Sólo dos meses atrás.
-
En estos últimos nueve meses,
he visto como el sueño de titularme
junto a mis compañeros,
se desvanece de manera irreparable.
Pero también he visto logros,
he visto a personas dar lo mejor de si,
incluso aquellas cosas que
no sabían que podían dar.
Personalmente he conquistado algunas metas...
-
Farellones en bicicleta,
pocos piensan en tratar de hacer tamaña locura.
Entre muchas otras cosas,
son cuarenta interminables vueltas en forma de U,
que te exigen al máximo,
te hacen desesperar,
te fatigan,
te hacen por momentos creer que no llegarás,
te hacen sacar fuerzas de donde no las hay,
y en horas y horas de pedaleo,
tienes tiempo incluso
para pensar en aquello verdaderamente importante
que habías dejado de lado,
o en aquello imbécil que te hace perder el tiempo.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
es una pequeña metáfora de lo que es tu vida,
pensando en lo más importante,
acordándote de tus seres más queridos,
pensando en la meta, y con quienes compartirás tu alegría al regreso.
-
Hace sólo un par de días,
un amigo me mostró su punto de vista ante cierto tema...
"Julio. Tienes dos formas de ver las cosas. O te centras en la meta y luchas y luchas por ella sin quitarle los ojos de encima; o disfrutas el camino por completo, y la meta será simplemente, la coronación de un viaje duro, pero placentero."
Los 45,5 kilómetros que me tomó llegar a la cima,
los disfruté kilómetro a kilómetro,
metro a metro.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
después de haber vivido los
nueve meses más intensos de tu vida,
la cumbre tiene otra dimensión.
Pasar frente a aquel pequeño letrero indicando
CURVA 40,
es una nueva llamada a la vida,
no la indicación que dice "META".
Mi vida está llena de cumbres que conquistar,
y el 11 de noviembre de 2006,
sólo pasé por la primera.
Es cierto, no olvidaré aquel momento.
Tampoco olvidaré lo cerca
que la muerte estuvo de mí hace dos meses.
En cuarenta curvas,
más de noventa kilómetros recorridos,
más de seis horas de pedaleo,
tres litros de agua,
y por sobre todo, mucha,
mucha convicción,
recordé a mi viejo que me enseñó a pedalear,
recordé a mis seres más queridos,
busqué en mi corazón a la mujer que amo
y con quien quisiera pasar el resto de mis días.
Y di gracias a Dios por permitirme disfrutar
de tan hermoso paisaje
a 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Y todo esto, durante los últimos nueve meses.
Julio.
martes, noviembre 14
jueves, octubre 12
Testimonio
Hace algunos días, una profesora me pidió que diera un testimonio sobre la muerte de mi viejo, para un programa de magister. Todo esto, por supuesto, si yo quería. El tema que ella le tocaba exponer era sobre "El duelo", y no quería hacer una clase sólo expositiva, sino también un poco más testimonial, de manera de motivar a los alumnos, en un tema que de por sí, es complicado tratar. Por mi parte, accedí gustoso.
El siguiente texto corresponde a lo que yo leí aquel día, ante aproximadamente cincuenta personas. Fue una experiencia fuerte, pero bastante hermosa. Ahora lo comparto con ustedes, aunque hoy no sea esto precisamente lo que me ha movilizado durante el día.
-
"Testimonio
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
jueves, septiembre 28
El mundo ideal
No me importa lo que piense la gente. ¿Alguien podría tener la valentía de negármelo? Sé muy bien por lo que estoy pasando, y lo que el resto piensa al respecto. Pero hoy, vuelvo a confirmar, por desgracia, algo que ya había escrito hace algunas semanas atrás…. Creo que cada uno se las arregla como mejor pueda. El resto, es pura mierda molida, puras frasecitas bonitas de ánimo y de buenas intenciones no medidas, por tanto, sin ningún peso. Cada uno está inmerso en lo que tiene que hacer, en lo que debe hacer, realizando responsablemente cada una de sus propias actividades. ¡Felicidades! ¡Se han ganado el premio a los hombres y mujeres que el mundo necesita! Y resulta que luego, el que está mal enfocado soy yo, justamente porque tengo tan arraigado el sentido de la responsabilidad, que hoy vivo deprimido, que hoy vivo sólo para darle en el gusto al resto, por estar vivo para ellos, porque en lo que a mí respecta, no hay ninguna diferencia entre vivir sin sentido o quitarse la vida. La única diferencia no está en lo que ocurra en mí, sino en lo que ocurra en el resto. El problema no es quitarse la vida, sino qué haces con tu vida mientras vives.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
-
Aún Julio.
domingo, septiembre 10
Dar la vida por alguien
Hoy, durante la Misa me hice una pregunta. Es algo que hace algún tiempo vengo pensando, y que no he podido avanzar mucho más desde el día en que empecé: ¿Se puede dar la vida por otros? Yo sé que el Evangelio habla justamente de eso, pero vamos a los actos concretos. Si yo veo a alguien que sufre, y le pido a Dios que sea yo quien cargue con ese sufrimiento a cambio de que aquel hombre o mujer, puede vivir aliviado... ¿Dios me concederá el deseo? Y qué pasa cuando no es sólo un sufrimiento, sino una vida completa la que está en juego. Entonces, podemos pedirle a Dios, que tome nuestra vida a cambio de aquella.
Cambiemos la pregunta: ¿hasta qué punto, o de qué manera el Evangelio nos invita a dar la vida por otros? No hablo que nos andemos quitando la vida por nuestras propias manos. Eso sería una estupidez. Pero tampoco quiero respuestas con que hay que servir al prójimo, acompañándolo, acogiéndolo, etc. etc. Hablo de algo más prufundo, algo totalmente espiritual, pero completamente material. ¿Hasta qué punto podemos hacer tratos con Dios? ¿Hasta qué punto VERDADERAMENTE, estaríamos dispuestos a dar la vida por otro hombre. ¿Mediríamos las consecuencias? ¿Preguntaríamos de quién se trata? ¿Nos gustaría saber cuáles son los motivos? Entonces, ¿cómo puedo, real, física, verdadera, tangiblemente, pedirle a Dios que me permita cargar con la cruz de otro, a cambio de su felicidad? Y qué pasaría si se presentara el mismo Señor y me dijera: Julio: ¿quieres ver feliz a esa persona? Ok, pero si deseas cargar con la cruz que tenía preparada para esa persona, puedes hacerlo, pero la pasarás mal, muy mal. ¿quieres hacerlo de todas formas, o mejor, cada uno con su cruz?
O estoy entendiendo mal el Evangelio, o de esto se trata la frase "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Y si ni siquiera es una amigo, mejor todavía.
Si no soy capaz de responderle a Dios con un SÍ, quiere decir que no entiendo NADA de lo que realmente hay en la Biblia.
Julio.
Cambiemos la pregunta: ¿hasta qué punto, o de qué manera el Evangelio nos invita a dar la vida por otros? No hablo que nos andemos quitando la vida por nuestras propias manos. Eso sería una estupidez. Pero tampoco quiero respuestas con que hay que servir al prójimo, acompañándolo, acogiéndolo, etc. etc. Hablo de algo más prufundo, algo totalmente espiritual, pero completamente material. ¿Hasta qué punto podemos hacer tratos con Dios? ¿Hasta qué punto VERDADERAMENTE, estaríamos dispuestos a dar la vida por otro hombre. ¿Mediríamos las consecuencias? ¿Preguntaríamos de quién se trata? ¿Nos gustaría saber cuáles son los motivos? Entonces, ¿cómo puedo, real, física, verdadera, tangiblemente, pedirle a Dios que me permita cargar con la cruz de otro, a cambio de su felicidad? Y qué pasaría si se presentara el mismo Señor y me dijera: Julio: ¿quieres ver feliz a esa persona? Ok, pero si deseas cargar con la cruz que tenía preparada para esa persona, puedes hacerlo, pero la pasarás mal, muy mal. ¿quieres hacerlo de todas formas, o mejor, cada uno con su cruz?
O estoy entendiendo mal el Evangelio, o de esto se trata la frase "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Y si ni siquiera es una amigo, mejor todavía.
Si no soy capaz de responderle a Dios con un SÍ, quiere decir que no entiendo NADA de lo que realmente hay en la Biblia.
Julio.
miércoles, septiembre 6
Algunas reflexiones con y sin sentido
Por esas cosas de la computación, llevaba escribiendo algo más de una hora para mi blog, y repentinamente el texto se borró. Como suele suceder en estos casos, la copia de seguridad no funcionó, por lo que no quedó registro alguno de mis humildes reflexiones...
Pero como no me daré por vencido, creo que podré resumir en pocas palabras, y de manera muy intensa, todo lo que llevaba escrito hasta el momento.
Seré sincero: si hace algunos minutos me daba más o menos lo mismo sobre lo que pensaran de mis reflexiones, ahora que tengo que escribir todo nuevamente, no me importa nada.
Creo que resumiendo mis ideas podría decir lo siguiente:
1.- Al mundo venimos solos, y solos nos las tendremos que arreglar. El que podamos "asociarnos", o reunirnos bajo cualquier forma, sólo será por dos excluyentes razones: o por gracia de Dios, o por simple temporalidad, la que por definición, tenderá a cero, es decir, el grupo tenderá a desaparecer.
2.- Somos presa de diferentes formas de "fachadas". Si alguien cree que no vive de esa forma, por favor, deje su correo o su número telefónico y le devolveré de inmediato el llamado. Porque qué ganas de saber cuál es la clave!!!
3.- Nuestro roles nos encasillan y nos enmarcan, muchas veces, no permitiéndonos desarrollarnos o vivir nuestras vidas como nosotros quisiéramos. El miedo al escándalo, a la desilusión, a fallarle a la gente, es más fuerte de lo que realmente pensamos.
4.- Nadie puede hablar mal de la muerte. Quien lo hiciera, estaría hablando mal de algo que no ha vivido en carne propia. ¡qué feo sería eso! Por lo tanto, sólo quien muere puede dar opinión con conocimiento de causa. Pero qué difícil sería conocer esa opinión. Luego, no me parece justo hablar mal de los suicidas. En última instancia, hicieron algo de lo cual jamás podrán arrepentirse. ¿Quién soy yo para juzgarlos?
5.- Sobrellevar la desesperación con la evasión es algo válido. Te permite seguir viviendo. En el mejor de los casos, la desesperación pasará y se volverá a la cotidianeidad de la vida.
6.- Cuidado de vivir una vida sin sentido. Se está más cerca de la muerte de esta forma, y salvo que se quiera llegar voluntariamente a esta última condición, más vale encontrar sentido a todo lo que hagamos. De otra forma, corremos el riesgo de no dejar espacio al arrepentimiento. Grave sería.
7.- Detrás de todo hombre, por enfermizo que parezca, hay un corazón que late y que busca la Verdad ante todo. Descubrir este misterio será lo más preciado que cualquier ser humano pueda llegar a tener.
Julio.
Pero como no me daré por vencido, creo que podré resumir en pocas palabras, y de manera muy intensa, todo lo que llevaba escrito hasta el momento.
Seré sincero: si hace algunos minutos me daba más o menos lo mismo sobre lo que pensaran de mis reflexiones, ahora que tengo que escribir todo nuevamente, no me importa nada.
Creo que resumiendo mis ideas podría decir lo siguiente:
1.- Al mundo venimos solos, y solos nos las tendremos que arreglar. El que podamos "asociarnos", o reunirnos bajo cualquier forma, sólo será por dos excluyentes razones: o por gracia de Dios, o por simple temporalidad, la que por definición, tenderá a cero, es decir, el grupo tenderá a desaparecer.
2.- Somos presa de diferentes formas de "fachadas". Si alguien cree que no vive de esa forma, por favor, deje su correo o su número telefónico y le devolveré de inmediato el llamado. Porque qué ganas de saber cuál es la clave!!!
3.- Nuestro roles nos encasillan y nos enmarcan, muchas veces, no permitiéndonos desarrollarnos o vivir nuestras vidas como nosotros quisiéramos. El miedo al escándalo, a la desilusión, a fallarle a la gente, es más fuerte de lo que realmente pensamos.
4.- Nadie puede hablar mal de la muerte. Quien lo hiciera, estaría hablando mal de algo que no ha vivido en carne propia. ¡qué feo sería eso! Por lo tanto, sólo quien muere puede dar opinión con conocimiento de causa. Pero qué difícil sería conocer esa opinión. Luego, no me parece justo hablar mal de los suicidas. En última instancia, hicieron algo de lo cual jamás podrán arrepentirse. ¿Quién soy yo para juzgarlos?
5.- Sobrellevar la desesperación con la evasión es algo válido. Te permite seguir viviendo. En el mejor de los casos, la desesperación pasará y se volverá a la cotidianeidad de la vida.
6.- Cuidado de vivir una vida sin sentido. Se está más cerca de la muerte de esta forma, y salvo que se quiera llegar voluntariamente a esta última condición, más vale encontrar sentido a todo lo que hagamos. De otra forma, corremos el riesgo de no dejar espacio al arrepentimiento. Grave sería.
7.- Detrás de todo hombre, por enfermizo que parezca, hay un corazón que late y que busca la Verdad ante todo. Descubrir este misterio será lo más preciado que cualquier ser humano pueda llegar a tener.
Julio.
lunes, julio 24
Libres para amar
En alguna parte leí o escuché la frase "Libres para amar". No recuerdo dónde fue. Me suele pasar, porque con frecuencia leo mucho y después no recuerdo la fuente. Y lo mejor de todo, es que no tengo completa claridad sobre las ideas que hoy quiero expresar. Lo que también me suele pasar.
Cristo dijo "La verdad los hará libres" (Juan 8,32). Frase utilizada por Juan Pablo II en su Encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la Verdad). Creo que tiene un peso tremendo en la vida de todo hombre. ¿Cuán libre soy, para poder amar? ¿Cuán verdadero es el Hombre, para vivir libre, sin miedos, sin temores, abierto a construir de manera transparente? ¿Qué se necesita para tener una verdadera apertura para amar?
Busco llegar a amar algún día de manera libre. Sentir la confianza en mis actos que me permitan sentir plenitud en mi vida. Vivir en permanente búsqueda de la verdad, sin relativismos, sin engaños, sin falsas comodidades. Buscar y encontrar la verdad. Buscar y encontrar la libertad. Vivir la gracia de esa libertad. Sólo en ese punto, creo poder encontrar la verdadera apertura para amar.
"...y la verdad os hará libres" (Cristo)
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Julio.
Cristo dijo "La verdad los hará libres" (Juan 8,32). Frase utilizada por Juan Pablo II en su Encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la Verdad). Creo que tiene un peso tremendo en la vida de todo hombre. ¿Cuán libre soy, para poder amar? ¿Cuán verdadero es el Hombre, para vivir libre, sin miedos, sin temores, abierto a construir de manera transparente? ¿Qué se necesita para tener una verdadera apertura para amar?
Busco llegar a amar algún día de manera libre. Sentir la confianza en mis actos que me permitan sentir plenitud en mi vida. Vivir en permanente búsqueda de la verdad, sin relativismos, sin engaños, sin falsas comodidades. Buscar y encontrar la verdad. Buscar y encontrar la libertad. Vivir la gracia de esa libertad. Sólo en ese punto, creo poder encontrar la verdadera apertura para amar.
"...y la verdad os hará libres" (Cristo)
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Julio.
jueves, junio 29
Sobre la libertad y la voluntad
Estas últimas semanas han sido particularmente difíciles. La vida pone desafíos que por momentos, parecieran infranqueables. Pero a mis cortos 26 años, hoy me doy cuenta de ciertos elementos con los que contamos hombres y mujeres, que simplemente por estar ahí, no nos percatamos de su relevancia para lo que significa el curso de nuestras vidas.
Particularmente me refiero a dos cosas: la libertad y la voluntad.
Viktor Frankl, en su libro "El hombre en busca de sentido", señala: "Al hombre se le puede quitar todo, incluso la vida, pero no se le puede quitar una cosa, la última de sus libertades humanas, la elección de su actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino". No lo dice cualquier persona. Lo dice un hombre que sobrevivió a los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, una de las experiencias más duras a las que un ser humano pueda ser sometido. En si, la libertad de tomar la postura que queramos ante cualquier circunstancia, es un don divino. Y el más claro ejemplo es Cristo, quien no se negó a la cruz. Sin embargo, de nuestra postura hacia la vida a las acciones que tomemos, hay un camino largo. Cuán grato sería el mundo si se siguiera la lógica orar > pensar > concluir > actuar. Pero entre las buenas intenciones y los actos concretos, hay muchas veces, una distancia abismal.
Creo que aquí es donde aparece la voluntad. Este concepto significa, entre otras cosas, la facultad de decidir y ordenar la propia conducta. Luego, ¿te pueden quitar la voluntad? ¿se puede perder la voluntad? En qué momento dejamos de ser autovalentes, y por simple comodidad o compleja enfermedad, no podemos actuar como queremos. Creo que Dios dio al ser humano estos dos grandes regalos. Por un lado, la libertad de escoger los caminos que deseamos. Por otro, la voluntad de realizar las acciones necesarias para transitar por estos caminos libremente escogidos. Aprovechar estos regalos es de plena decisión personal. Porque aun San Pablo le escribía a las comunidades romanas que hacía lo que no quería, y lo que quería no lo hacía. Y aunque él mismo vivió en carne propia lo que es estar privado de libertad, no bajó los brazos ante el llamado que él sentía.
Ojalá podamos sacar el mejor partido, para quienes nos rodean y para nosotros mismos, de estos dos grandes regalos que todos poseemos.
Julio.
Particularmente me refiero a dos cosas: la libertad y la voluntad.
Viktor Frankl, en su libro "El hombre en busca de sentido", señala: "Al hombre se le puede quitar todo, incluso la vida, pero no se le puede quitar una cosa, la última de sus libertades humanas, la elección de su actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino". No lo dice cualquier persona. Lo dice un hombre que sobrevivió a los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, una de las experiencias más duras a las que un ser humano pueda ser sometido. En si, la libertad de tomar la postura que queramos ante cualquier circunstancia, es un don divino. Y el más claro ejemplo es Cristo, quien no se negó a la cruz. Sin embargo, de nuestra postura hacia la vida a las acciones que tomemos, hay un camino largo. Cuán grato sería el mundo si se siguiera la lógica orar > pensar > concluir > actuar. Pero entre las buenas intenciones y los actos concretos, hay muchas veces, una distancia abismal.
Creo que aquí es donde aparece la voluntad. Este concepto significa, entre otras cosas, la facultad de decidir y ordenar la propia conducta. Luego, ¿te pueden quitar la voluntad? ¿se puede perder la voluntad? En qué momento dejamos de ser autovalentes, y por simple comodidad o compleja enfermedad, no podemos actuar como queremos. Creo que Dios dio al ser humano estos dos grandes regalos. Por un lado, la libertad de escoger los caminos que deseamos. Por otro, la voluntad de realizar las acciones necesarias para transitar por estos caminos libremente escogidos. Aprovechar estos regalos es de plena decisión personal. Porque aun San Pablo le escribía a las comunidades romanas que hacía lo que no quería, y lo que quería no lo hacía. Y aunque él mismo vivió en carne propia lo que es estar privado de libertad, no bajó los brazos ante el llamado que él sentía.
Ojalá podamos sacar el mejor partido, para quienes nos rodean y para nosotros mismos, de estos dos grandes regalos que todos poseemos.
Julio.
miércoles, junio 7
Una historia real
Dos o tres años atrás, me tocó dar un pequeño discurso en mi universidad sobre algún tema que yo considerara trascendente. En esa ocasión hablé sobre la pobreza. Años más tarde, y sólo adaptando algunas pequeñas cosas, comparto con ustedes el texto que en esa ocasión me tocó pronunciar.
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"Hace varios años, durante un paseo de mi curso de colegio, mientras todos disfrutábamos de los últimos días de verano en la piscina, una compañera resbaló en la orilla y calló golpeándose la cabeza con el borde. La rescataron inmediatamente. Andrea estaba inconsciente. En el lugar había tres médicos. Ninguno de ellos pudo hacer nada por nuestra compañera.
En el mundo mueren alrededor de 30.000 niños diariamente, por efectos ligados a la pobreza, según el Informe de Desarrollo Humano 2000, de la Organización de las Naciones Unidas. La gran mayoría de ellos muere por causas totalmente prevenibles, como desnutrición o resfríos. A diferencia de Andrea, mi ex-compañera fallecida, ellos no tienen a ningún médico cerca que les tienda una mano, que intente voluntariamente hacer algo por sus vidas. Si Andrea murió, con cuanta mayor razón mueren esos pobres niños.
¿Es que acaso es la pobreza algo inherente al ser humano? ¿O debemos achacar toda la culpa a los gobiernos de turno por no superar los vergonzosos índices de indigencia? Es curioso como mucha gente así lo piensa, como si viviera en un mundo independiente de las decisiones gubernamentales y abstraídos completamente de la realidad que los rodea. El ser humano es libre de tomar decisiones, capaz de interferir positiva o negativamente en el curso de la vida de los hombres. No se puede explicar la pobreza como una característica propia del hombre. En sí, la falta de solidaridad es contraria al hombre. La pobreza no es algo inherente al ser humano. No tiene nada que ver con eso. La pobreza tampoco será una emergencia natural contra la que hay que luchar. La pobreza no tiene nada de natural. No viene en nuestras raíces, ni en nuestra cultura. La cultura no hereda pobreza. La pobreza será el mal resultado que el conjunto de decisiones de los hombres, hemos tomado a lo largo de la Historia.
Todo hombre influye en su entorno. Como futuros profesionales tenemos una responsabilidad con lo que hagamos de nuestra carrera. No podemos pasar inadvertidos ante aquella familia sin techo, hombre o mujer, un pequeño niño, tal vez una joven madre, que mueren de hambre, de frío, incluso por falta de cariño, mientras nosotros nos quedamos cómodamente en el calor de nuestros hogares. A ver si llegamos a tiempo a salvar a alguno de estos 30.000 pequeños que mueren a diario ahogados en la vergonzosa piscina de la indigencia."
Julio.
En el mundo mueren alrededor de 30.000 niños diariamente, por efectos ligados a la pobreza, según el Informe de Desarrollo Humano 2000, de la Organización de las Naciones Unidas. La gran mayoría de ellos muere por causas totalmente prevenibles, como desnutrición o resfríos. A diferencia de Andrea, mi ex-compañera fallecida, ellos no tienen a ningún médico cerca que les tienda una mano, que intente voluntariamente hacer algo por sus vidas. Si Andrea murió, con cuanta mayor razón mueren esos pobres niños.
¿Es que acaso es la pobreza algo inherente al ser humano? ¿O debemos achacar toda la culpa a los gobiernos de turno por no superar los vergonzosos índices de indigencia? Es curioso como mucha gente así lo piensa, como si viviera en un mundo independiente de las decisiones gubernamentales y abstraídos completamente de la realidad que los rodea. El ser humano es libre de tomar decisiones, capaz de interferir positiva o negativamente en el curso de la vida de los hombres. No se puede explicar la pobreza como una característica propia del hombre. En sí, la falta de solidaridad es contraria al hombre. La pobreza no es algo inherente al ser humano. No tiene nada que ver con eso. La pobreza tampoco será una emergencia natural contra la que hay que luchar. La pobreza no tiene nada de natural. No viene en nuestras raíces, ni en nuestra cultura. La cultura no hereda pobreza. La pobreza será el mal resultado que el conjunto de decisiones de los hombres, hemos tomado a lo largo de la Historia.
Todo hombre influye en su entorno. Como futuros profesionales tenemos una responsabilidad con lo que hagamos de nuestra carrera. No podemos pasar inadvertidos ante aquella familia sin techo, hombre o mujer, un pequeño niño, tal vez una joven madre, que mueren de hambre, de frío, incluso por falta de cariño, mientras nosotros nos quedamos cómodamente en el calor de nuestros hogares. A ver si llegamos a tiempo a salvar a alguno de estos 30.000 pequeños que mueren a diario ahogados en la vergonzosa piscina de la indigencia."
Julio.
viernes, junio 2
Nos reconocerán porque...
Hace algunos días hice una especial visita a un ser querido. Después de dos años y medio, fui voluntaria y libremente al lugar donde está enterrado el cuerpo de mi viejo. No puedo decir textualmente que fui a ver a mi papá, porque sé que él no está ahí. No fui sólo, me acompañó una buena amiga a quien le pedí que estuviera presente. Yo no me habría atrevido a ir solo. Es extraño, es duro, ver el nombre de tu viejo escrito en una lápida. Y ver, además, en el mismo lugar, los nombres de familiares que han sido tan importantes en tu vida. Era una visita que había postergado durante años, y que por fin pude concretar.
Muchas veces hemos oído la misma frase, que se refiere a que cuando algo o alguien no lo tenemos, recién ahí lo valoramos. Lo más probable es que la seguiremos escuchando. A mi parecer, no tiene ningún sentido esa oración, hasta que no descubrimos y hacemos vida cuánto esconden esas palabras.
Algunos domingos atrás, si mal no lo recuerdo, las lecturas de la Eucaristía hablaban de cómo nos reconocerían por ser cristianos. Y el mensaje era claro, limpio y sencillo: porque se aman unos a otros. Y entonces, ¿Qué nos impide realizar ese mandato? ¿Qué nos impide amar? Yo lo llevaría más a la práctica, a hechos concretos, al "área chica": ¿Cómo se expresa amor a las distintas personas que conocemos, si con todas tenemos distintos vínculos? ¿Cómo demuestro amor, en el día a día, en las cosas cotidianas? Me parece que no es una pregunta trivial.
Mientras estaba junto a la sepultura donde está enterrado el cuerpo de mi viejo, lloré diciéndole lo mucho que me hacía falta, lo mucho que lo quería. Sentí consuelo después de eso. Pero creo que es mejor expresar el amor en vida.
Julio.
Muchas veces hemos oído la misma frase, que se refiere a que cuando algo o alguien no lo tenemos, recién ahí lo valoramos. Lo más probable es que la seguiremos escuchando. A mi parecer, no tiene ningún sentido esa oración, hasta que no descubrimos y hacemos vida cuánto esconden esas palabras.
Algunos domingos atrás, si mal no lo recuerdo, las lecturas de la Eucaristía hablaban de cómo nos reconocerían por ser cristianos. Y el mensaje era claro, limpio y sencillo: porque se aman unos a otros. Y entonces, ¿Qué nos impide realizar ese mandato? ¿Qué nos impide amar? Yo lo llevaría más a la práctica, a hechos concretos, al "área chica": ¿Cómo se expresa amor a las distintas personas que conocemos, si con todas tenemos distintos vínculos? ¿Cómo demuestro amor, en el día a día, en las cosas cotidianas? Me parece que no es una pregunta trivial.
Mientras estaba junto a la sepultura donde está enterrado el cuerpo de mi viejo, lloré diciéndole lo mucho que me hacía falta, lo mucho que lo quería. Sentí consuelo después de eso. Pero creo que es mejor expresar el amor en vida.
Julio.
lunes, mayo 22
Duc in altum
El título de este comentario, se ha traducido tradicionalmente como "Rema a lo profundo". Pero, en qué contexto se enmarca: los discípulos volvían del lago Genesaret después de una noche entera sin pescar nada. Pedro, desmotivado, le cuenta de esta situación a Jesús. Pero Jesús le dice que nuevamente vuelva al agua, y que lleve su barca mar adentro, porque ahí encontraría el alimento que buscaba. ¡Qué grande la fe de Pedro, que aunque cansado, vuelve a embarcarse! Como siempre, Jesús no le había fallado.
Duc in altum es para mí, uno de los llamados más grandes que Dios me hace a luchar por mis ideales. Es un grito de fuerza, de garra, de ánimo, una llamada a "picar alto", a concretar metas casi inalcanzables. También, es un llamado a mirar lo más profundo de la realidad humana. Mirar, buscar, perseguir a Dios de manera constante. Reflexionar de forma permanente, buscando parecerse cada día más a Dios, por medio de Cristo. Duc in altum, es la llamada que Dios le hace al mundo para ver que lo verdaderamente importante se consigue con esfuerzo, con sudor, con confianza, con convicción.
Duc in altum es tiempo para reflexionar, para saber que los logros no se consiguen solos. El mismo Pedro, necesitó ayuda para cargar con una red repleta de peces. Es el llamado a ser grandes, a ser mejores hombres. A luchar y ponerse de pie, aunque todo se vea derrumbado. A confiar y entregarse. Un llamado a la profundidad.
Julio.
Duc in altum es para mí, uno de los llamados más grandes que Dios me hace a luchar por mis ideales. Es un grito de fuerza, de garra, de ánimo, una llamada a "picar alto", a concretar metas casi inalcanzables. También, es un llamado a mirar lo más profundo de la realidad humana. Mirar, buscar, perseguir a Dios de manera constante. Reflexionar de forma permanente, buscando parecerse cada día más a Dios, por medio de Cristo. Duc in altum, es la llamada que Dios le hace al mundo para ver que lo verdaderamente importante se consigue con esfuerzo, con sudor, con confianza, con convicción.
Duc in altum es tiempo para reflexionar, para saber que los logros no se consiguen solos. El mismo Pedro, necesitó ayuda para cargar con una red repleta de peces. Es el llamado a ser grandes, a ser mejores hombres. A luchar y ponerse de pie, aunque todo se vea derrumbado. A confiar y entregarse. Un llamado a la profundidad.
Julio.
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