jueves, junio 29

Sobre la libertad y la voluntad

Estas últimas semanas han sido particularmente difíciles. La vida pone desafíos que por momentos, parecieran infranqueables. Pero a mis cortos 26 años, hoy me doy cuenta de ciertos elementos con los que contamos hombres y mujeres, que simplemente por estar ahí, no nos percatamos de su relevancia para lo que significa el curso de nuestras vidas.
Particularmente me refiero a dos cosas: la libertad y la voluntad.
Viktor Frankl, en su libro "El hombre en busca de sentido", señala: "Al hombre se le puede quitar todo, incluso la vida, pero no se le puede quitar una cosa, la última de sus libertades humanas, la elección de su actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino". No lo dice cualquier persona. Lo dice un hombre que sobrevivió a los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, una de las experiencias más duras a las que un ser humano pueda ser sometido. En si, la libertad de tomar la postura que queramos ante cualquier circunstancia, es un don divino. Y el más claro ejemplo es Cristo, quien no se negó a la cruz. Sin embargo, de nuestra postura hacia la vida a las acciones que tomemos, hay un camino largo. Cuán grato sería el mundo si se siguiera la lógica orar > pensar > concluir > actuar. Pero entre las buenas intenciones y los actos concretos, hay muchas veces, una distancia abismal.
Creo que aquí es donde aparece la voluntad. Este concepto significa, entre otras cosas, la facultad de decidir y ordenar la propia conducta. Luego, ¿te pueden quitar la voluntad? ¿se puede perder la voluntad? En qué momento dejamos de ser autovalentes, y por simple comodidad o compleja enfermedad, no podemos actuar como queremos. Creo que Dios dio al ser humano estos dos grandes regalos. Por un lado, la libertad de escoger los caminos que deseamos. Por otro, la voluntad de realizar las acciones necesarias para transitar por estos caminos libremente escogidos. Aprovechar estos regalos es de plena decisión personal. Porque aun San Pablo le escribía a las comunidades romanas que hacía lo que no quería, y lo que quería no lo hacía. Y aunque él mismo vivió en carne propia lo que es estar privado de libertad, no bajó los brazos ante el llamado que él sentía.
Ojalá podamos sacar el mejor partido, para quienes nos rodean y para nosotros mismos, de estos dos grandes regalos que todos poseemos.
Julio.

miércoles, junio 7

Una historia real

Dos o tres años atrás, me tocó dar un pequeño discurso en mi universidad sobre algún tema que yo considerara trascendente. En esa ocasión hablé sobre la pobreza. Años más tarde, y sólo adaptando algunas pequeñas cosas, comparto con ustedes el texto que en esa ocasión me tocó pronunciar.
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"Hace varios años, durante un paseo de mi curso de colegio, mientras todos disfrutábamos de los últimos días de verano en la piscina, una compañera resbaló en la orilla y calló golpeándose la cabeza con el borde. La rescataron inmediatamente. Andrea estaba inconsciente. En el lugar había tres médicos. Ninguno de ellos pudo hacer nada por nuestra compañera.
En el mundo mueren alrededor de 30.000 niños diariamente, por efectos ligados a la pobreza, según el Informe de Desarrollo Humano 2000, de la Organización de las Naciones Unidas. La gran mayoría de ellos muere por causas totalmente prevenibles, como desnutrición o resfríos. A diferencia de Andrea, mi ex-compañera fallecida, ellos no tienen a ningún médico cerca que les tienda una mano, que intente voluntariamente hacer algo por sus vidas. Si Andrea murió, con cuanta mayor razón mueren esos pobres niños.
¿Es que acaso es la pobreza algo inherente al ser humano? ¿O debemos achacar toda la culpa a los gobiernos de turno por no superar los vergonzosos índices de indigencia? Es curioso como mucha gente así lo piensa, como si viviera en un mundo independiente de las decisiones gubernamentales y abstraídos completamente de la realidad que los rodea. El ser humano es libre de tomar decisiones, capaz de interferir positiva o negativamente en el curso de la vida de los hombres. No se puede explicar la pobreza como una característica propia del hombre. En sí, la falta de solidaridad es contraria al hombre. La pobreza no es algo inherente al ser humano. No tiene nada que ver con eso. La pobreza tampoco será una emergencia natural contra la que hay que luchar. La pobreza no tiene nada de natural. No viene en nuestras raíces, ni en nuestra cultura. La cultura no hereda pobreza. La pobreza será el mal resultado que el conjunto de decisiones de los hombres, hemos tomado a lo largo de la Historia.
Todo hombre influye en su entorno. Como futuros profesionales tenemos una responsabilidad con lo que hagamos de nuestra carrera. No podemos pasar inadvertidos ante aquella familia sin techo, hombre o mujer, un pequeño niño, tal vez una joven madre, que mueren de hambre, de frío, incluso por falta de cariño, mientras nosotros nos quedamos cómodamente en el calor de nuestros hogares. A ver si llegamos a tiempo a salvar a alguno de estos 30.000 pequeños que mueren a diario ahogados en la vergonzosa piscina de la indigencia."
Julio.

viernes, junio 2

Nos reconocerán porque...

Hace algunos días hice una especial visita a un ser querido. Después de dos años y medio, fui voluntaria y libremente al lugar donde está enterrado el cuerpo de mi viejo. No puedo decir textualmente que fui a ver a mi papá, porque sé que él no está ahí. No fui sólo, me acompañó una buena amiga a quien le pedí que estuviera presente. Yo no me habría atrevido a ir solo. Es extraño, es duro, ver el nombre de tu viejo escrito en una lápida. Y ver, además, en el mismo lugar, los nombres de familiares que han sido tan importantes en tu vida. Era una visita que había postergado durante años, y que por fin pude concretar.
Muchas veces hemos oído la misma frase, que se refiere a que cuando algo o alguien no lo tenemos, recién ahí lo valoramos. Lo más probable es que la seguiremos escuchando. A mi parecer, no tiene ningún sentido esa oración, hasta que no descubrimos y hacemos vida cuánto esconden esas palabras.
Algunos domingos atrás, si mal no lo recuerdo, las lecturas de la Eucaristía hablaban de cómo nos reconocerían por ser cristianos. Y el mensaje era claro, limpio y sencillo: porque se aman unos a otros. Y entonces, ¿Qué nos impide realizar ese mandato? ¿Qué nos impide amar? Yo lo llevaría más a la práctica, a hechos concretos, al "área chica": ¿Cómo se expresa amor a las distintas personas que conocemos, si con todas tenemos distintos vínculos? ¿Cómo demuestro amor, en el día a día, en las cosas cotidianas? Me parece que no es una pregunta trivial.
Mientras estaba junto a la sepultura donde está enterrado el cuerpo de mi viejo, lloré diciéndole lo mucho que me hacía falta, lo mucho que lo quería. Sentí consuelo después de eso. Pero creo que es mejor expresar el amor en vida.
Julio.