viernes, junio 20

Problemas sin solución (o con soluciones complejas)

Lo que son las cosas. Este blog no lo lee nadie. Al menos esa es la impresión que me da a mí. Y aquí podría hacer anuncios importantes y nadie se percataría. Anunciar, por ejemplo, un atentado terrorista, con fecha, lugar y hora. O mi propia fecha de muerte, y tampoco nadie se percataría. Para todo da la imaginación.
John Nash, representado por Ruseell Crowe en la película Una Mente Brillante, luego de reconocer que efectivamente estaba enfermo y necesitaba ayuda, declara con frialdad y precisión matemática, que su situación es un problema sin solución. En matemáticas, usualmente los problemas tienen una solución, infinitas soluciones, o no tienen solución. Este era el caso de Nash. Sin embargo, acto seguido, sentencia que su especialidad es resolver problemas sin solución, que a eso él se dedica. Y al médico sólo le pide tiempo, para encontrar la solución factible a su problema. Su problema no era menor: sufría de esquizofrenia.
¿Cuál es mi especialidad? ¿Cuál es mi fortaleza? ¿A qué me tengo que aferrar en este tiempo?
Respondiendo estas preguntas en orden inverso, diría, que me tengo que aferrar a TODO. Me tengo que aferrar a CUALQUIER COSA QUE ME MANTENGA VIVO. En estos momentos, aquí a 18 de junio de 2008, y tras llevar seis semanas profundamente deprimido, sólo me queda aferrar a cualquier cosa, cualquier persona, cualquier idea, cualquier actividad, cualquier pasatiempo, cualquier lectura bíblica, cualquier nuevo medicamento, cualquier nueva terapia, etc. para que simplemente los días pasen y esperar que esto algún día pase y afloje. Pero no sólo eso, también me tengo aferrar a todos estos elementos AL MISMO TIEMPO. Porque sé que no bastan estos elementos por separado, porque sólo me durarían un breve lapso de tiempo. Luego, la consigna en este minuto es una y sólo una: MANTENERSE CON VIDA, CUESTE LO QUE CUESTE, siendo ingenioso en buscar nuevos elementos a qué aferrarme. Sé que mi vida aún no está segura, y la principal amenaza para mí, soy yo mismo deprimido. Qué irónico. Pero así es no más.
Al menos, esta noche, me quedaré con el ejemplo de John Nash, esperando que sucede algo grandioso en qué creer, para luego aprender a vivir con aquellos pensamientos que quisiera que no habitaran en mí.
Julio.

jueves, junio 12

Dos Fuerzas

En mí habitan dos fuerzas,
que luchan por dominar mi cuerpo, mi mente y mi espíritu.
Una de ellas me hace soñar,
me hace reír,
me llama a hacer grandes proyectos,
a concretar grandes sueños.
Incluso a querer cambiar el mundo.
Es aquella fuerza que quiere que todo salga bien,
y que tiene fe en que así será.
Es la fuerza que se mueve por la fe y la oración
que está por sobre todas las cosas.
-
Pero existe otra fuerza
completamente antagónica a la primera.
Es depresiva, es pesimista,
es de muerte.
Aquella que me insulta y se ríe de mí ante mis proyectos y sueños.
Aquella que me enrostra mis fracasos,
mis debilidades y mis miedos.
Esta fuerza, quiere terminar con mi vida.
Y está ganando la lucha.
No sé cómo lo hace, pero está venciendo en esta batalla.
Esta fuerza oscura, tenebrosa,
tiene planeada la forma de acabar conmigo.
Incluso con fecha, forma y lugar.
Y tiene todavía algo a su favor:
me asegura que terminará con dos largos años
de esta pesadilla llamada depresión.
Me seduce diciéndome que ya pronto acabarán las angustias,
que pronto acabará la profunda desolación,
el hondo estado de abatimiento.
Pronto todo esto habrá terminado.
-
Pero esta enfermedad no puede terminar en muerte.
No creo que así termine el plan de Dios para mí.
Jesús vino a traer vida y vida en abundancia.
Sin embargo, hoy no sé dónde está Dios Padre
No sé qué es lo que quiere Él de mí.
No sé cuánto más podré resistir,
cuánto más podré dar la pelea.
En mí se debaten estas dos fuerzas de manera intensa,
y ya me cansé de todo esto.
-
Si alguien me escucha en este mundo, le pido que haga mucha oración, para no caer en tentación. Que se haga la voluntad del Padre, cualquiera que sea ésta, pero no la mía. Y orar para no caer en tentación. Amén.