En los últimos días hemos sido testigos de la erupción del Volcán Chaitén, en la Región de Los Lagos de nuestro país. Hemos visto esa enorme columna de humo y cenizas que se ha levantado por cerca de 30.000 metros por sobre el nivel del mar, esto es, más de tres veces el tamaño del monte Everest (8.850 m.s.n.m.). Junto con esto, también hemos podido observar el enorme despliegue que se ha montado para evacuar a los habitantes de las localidades cercanas, y de esta forma evitar una tragedia de proporciones. Es en estos hombres y mujeres que quiero centrar mi atención el día de hoy. Han sido varias miles de personas las desplazadas, que han tenido que abandonar sus hogares, muchos de ellos prácticamente con lo puesto.
¿Qué haces cuando de un minuto a otro suenan las sirenas, y te anuncian por radio que un volcán del que algunos no tenías conocimiento de su existencia, ha comenzado a hacer erupción, y que amenaza el lugar donde vives? ¿Cuáles son las cosas que instintivamente tienes a guardar rápidamente en un bolso para llevarte a un albergue? He escuchado que algunos rescataron sus fotos, otros, la mayor cantidad de ropa que pudieron, otros, artículos personales de valor. Probablemente habrá tantos elementos personales como albergados. Pero, y yo, ¿qué rescataría?
Hace aproximadamente un mes, tengo un notebook nuevo. Lo llevo a casi todas partes. En él guardo fotos, cartas, trabajos, documentos de todo tipo, y muchas, muchas hojas de reflexiones que he escrito en mi vida. Éstas son como una ventana hacia mi vida. ¿Pero rescataría un notebook de una catástrofe así? Creo que si tuviera que hacer una lista de cosas a salvar (por supuesto, lo digo ahora en la tranquilidad de mi hogar), no partiría por este computador. En mi caso salvaría algo que puedo encontrar en muchas partes, pero que para mí tiene un valor histórico y espiritual muy especial. Me llevaría, en primer lugar, mi Biblia. Sé que libros como ese puedo encontrar en muchas tiendas, pero MI BIBLIA no. Tampoco digo con esto que dejar el resto de mis pertenencias sería algo sencillo. Cada una de ellas tiene una historia y un valor sentimental impagable, pero sin embargo, en muchas cosas que pudieran tener un valor monetario no pensaría, no ocuparía con ellas un espacio en mi mochila. ¿Luego me pregunto, cuáles son las bases de mi vida, que estoy dispuesto a salvar cueste lo que cueste? ¿Cuáles son aquellos elementos que bajo ningún punto de vista transaría, dejaría de lado, u olvidaría?
Todo ser humano tiene su propia escala jerárquica a la hora de organizar su vida y sus acciones. Algunos actúan de manera inconsiente. Otros, bajo mucha racionalidad. Yo creo ser un híbrido entre una y otra. Pero vuelvo a mi pregunta de fondo: ¿cuáles son las bases de mi vida que estoy dispuesto a salvar cueste lo que cueste? Esto me deja pensando.
Y a todos los compatriotas que debieron abandonar sus hogares, vayan para ellos un fuerte y fraternal abrazo de ánimo, fuerza y esperanza. Son un ejemplo de desapego para mí.
Julio.
miércoles, mayo 7
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