Dicen que cuando vas a buscar pega a ciertas empresas, a medida que vas avanzando en el proceso de selección, los "seleccionadores" buscan todo lo que aparece de ti en la red. Eso significa que se encontrarán con estas reflexiones y mucho más en el ciber-espacio. No me importa. Estas palabras no disminuyen mi capacidad profesional. Incluso la engrandece.
Técnicamente, o mejor dicho, estadísticamente, sólo el 1 % de las personas que sufren depresión terminan por suicidarse. No sé si la cifra será real o no, pero me parece que incluso es un poco abultada. Esto significa que la probabilidad que yo salga con vida de mi actual proceso depresivo es bastante alta. Interesante.
Sin embargo, en ese uno por ciento de fatalidad cabe un ser humano completo.
Cuando caigo en mis bajones profundos de desesperación y desolación, me sobran las ideas para terminar con todo. Y esos momentos aún no han desaparecido del todo de mi mente. Matarse de manera correcta no es fácil, como muchos piensan. Hay tantos factores que pueden influir en que uno quede vivo! Hay que pensar en todo, incluso cuando piesas en quitarte la vida.
Si tuviera la respuesta a lo que debo hacer, creo que sería más fácil ver esta película.
Julio.
jueves, noviembre 1
lunes, octubre 15
Declaración
Quiero dejar por escrito, algunas cosas que considero importantes. Llevo casi 18 meses en tratamiento, y ante la eventualidad de un suicidio, quiero expresar lo siguiente:
- Quedan absolutamente libre de culpa todos los profesionales que estuvieron trabajando por hacer que yo saliera adelante. Me refiero a psiquiatras, psicólogos y otros que pudieron haber ayudado. No quiero que se emprendan acciones en su contra. Hicieron todo lo posible que estaba en sus manos, pero la desolación fue mayor.
- Les pido que me perdonen. No di más.
Julio.
- Quedan absolutamente libre de culpa todos los profesionales que estuvieron trabajando por hacer que yo saliera adelante. Me refiero a psiquiatras, psicólogos y otros que pudieron haber ayudado. No quiero que se emprendan acciones en su contra. Hicieron todo lo posible que estaba en sus manos, pero la desolación fue mayor.
- Les pido que me perdonen. No di más.
Julio.
viernes, mayo 4
De vuelta, aunque no sé por cuánto
Hola a todos, qué tal...
Hace tiempo no pasaba por mi propio sitio. Interesante forma de escribir la que yo mismo tengo. Me impresioné por lo pesimista que soy con algunos temas, y por lo esperanzador con otros. En fin, las cosas en el último año no han sido nada de fáciles. Y lo que son las cosas: mientras más difícil, más aprendes. (Aunque a veces queremos respirar con normalidad).
Hace tiempo no escribo. Había perdido la costumbre. Cuesta que salgan las palabras. Pero al menos, este fue un comienzo. Ojalá siga la racha.
Muchas bendiciones a todos. Y buen fin de semana.
Julio.
Hace tiempo no pasaba por mi propio sitio. Interesante forma de escribir la que yo mismo tengo. Me impresioné por lo pesimista que soy con algunos temas, y por lo esperanzador con otros. En fin, las cosas en el último año no han sido nada de fáciles. Y lo que son las cosas: mientras más difícil, más aprendes. (Aunque a veces queremos respirar con normalidad).
Hace tiempo no escribo. Había perdido la costumbre. Cuesta que salgan las palabras. Pero al menos, este fue un comienzo. Ojalá siga la racha.
Muchas bendiciones a todos. Y buen fin de semana.
Julio.
martes, diciembre 19
Un tema vetado, una salida optimista
Recuerdo en una ocasión haber escuchado a un compañero de colegio decir: "quisiera tener la valentía que tuvo él, para yo también quitarme la vida". Mi compañero se refería a Raimundo Tupper, 26 años, jugador de fútbol de la Universidad Católica, cuando producto de una depresión endógena, éste se lanzara del noveno piso del hotel donde se hospedaba el equipo, en una gira por Centro América. ¿Por qué mi compañero veía valentía donde todos veían cobardía? ¿Por qué llama tanto la atención la muerte por suicidio? ¿Son cobardes o son valientes?
Con respecto al tema del suicidio, David Hume, filósofo inglés del siglo XVIII, hace un ensayo bastante interesante sobre el marco ético y las implicancias de un suicidio. Pero ojo, hay que leerlo con cuidado.
En lo que a mí respecta, responder a si son cobardes o valientes (que ya es una pregunta escalofriante) estos hombres y mujeres que se quitan la vida, me parece injusto de mi parte. Creo que pecaría de una soberbia abismal. Sólo tendría derecho a mirar el tema bajo los ojos del Evangelio. Buscar una mirada con sentido, con esperanza, con perdón, con consuelo.
No es fácil hablar de este tema. Corrijo, es muy fácil hablar del tema, cuando no hay antecedentes de personas involucradas directa o indirectamente. Pero de otra manera, nadie habla, como tantos otros temas del cristianismo. Temas vetados como si las grandes catedrales y las magníficas capillas históricas, se fueran a caer de un segundo a otro.
Yo no sé cuáles eran las creencias de Raimundo Tupper. Nunca vamos a saber si se pudo o no haber evitado tan horrorosa muerte. El hombre que está en vías de autoeliminarse no entiende argumentos racionales. No convive con él la lógica. Ha perdido toda voluntad. Ya no hay más sentido.
Para un hombre afectado por algún tipo de enfermedad mental, hay puntos que pueden parecer sin retorno. A veces, por desgracia, no es mucho lo que se puede hacer por ellos. Sin embargo, mientras exista tiempo, hay un elemento gratuito, sobreabundante, tremendamente efectivo, pero por desgracia poco practicado, que está al alcance de todos: LA COMUNICACIÓN. Ese simple hecho de traspasar nuestras ideas, y buscar comprender las ideas del otro, hará, sin duda, que se eviten ingratos momentos, y que se pueda vivir en un mundo más saludable.
Julio.
Con respecto al tema del suicidio, David Hume, filósofo inglés del siglo XVIII, hace un ensayo bastante interesante sobre el marco ético y las implicancias de un suicidio. Pero ojo, hay que leerlo con cuidado.
En lo que a mí respecta, responder a si son cobardes o valientes (que ya es una pregunta escalofriante) estos hombres y mujeres que se quitan la vida, me parece injusto de mi parte. Creo que pecaría de una soberbia abismal. Sólo tendría derecho a mirar el tema bajo los ojos del Evangelio. Buscar una mirada con sentido, con esperanza, con perdón, con consuelo.
No es fácil hablar de este tema. Corrijo, es muy fácil hablar del tema, cuando no hay antecedentes de personas involucradas directa o indirectamente. Pero de otra manera, nadie habla, como tantos otros temas del cristianismo. Temas vetados como si las grandes catedrales y las magníficas capillas históricas, se fueran a caer de un segundo a otro.
Yo no sé cuáles eran las creencias de Raimundo Tupper. Nunca vamos a saber si se pudo o no haber evitado tan horrorosa muerte. El hombre que está en vías de autoeliminarse no entiende argumentos racionales. No convive con él la lógica. Ha perdido toda voluntad. Ya no hay más sentido.
Para un hombre afectado por algún tipo de enfermedad mental, hay puntos que pueden parecer sin retorno. A veces, por desgracia, no es mucho lo que se puede hacer por ellos. Sin embargo, mientras exista tiempo, hay un elemento gratuito, sobreabundante, tremendamente efectivo, pero por desgracia poco practicado, que está al alcance de todos: LA COMUNICACIÓN. Ese simple hecho de traspasar nuestras ideas, y buscar comprender las ideas del otro, hará, sin duda, que se eviten ingratos momentos, y que se pueda vivir en un mundo más saludable.
Julio.
martes, noviembre 14
Metáfora de una vida
Durante los últimos nueves meses
he visto nacer vida,
frágil como son los pequeños cuando vienen
a este convulsionado mundo.
Pero aferrados a la vida,
al pecho materno,
sin quitar la mirada sobre los ojos de la madre,
o del padre cuando los cobija.
También he visto partir a seres queridos.
La muerte es un misterio que
cuesta mucho comprender.
Sin ir más lejos, que cerca estuve yo de ella
hace sólo dos meses atrás.
Sólo dos meses atrás.
-
En estos últimos nueve meses,
he visto como el sueño de titularme
junto a mis compañeros,
se desvanece de manera irreparable.
Pero también he visto logros,
he visto a personas dar lo mejor de si,
incluso aquellas cosas que
no sabían que podían dar.
Personalmente he conquistado algunas metas...
-
Farellones en bicicleta,
pocos piensan en tratar de hacer tamaña locura.
Entre muchas otras cosas,
son cuarenta interminables vueltas en forma de U,
que te exigen al máximo,
te hacen desesperar,
te fatigan,
te hacen por momentos creer que no llegarás,
te hacen sacar fuerzas de donde no las hay,
y en horas y horas de pedaleo,
tienes tiempo incluso
para pensar en aquello verdaderamente importante
que habías dejado de lado,
o en aquello imbécil que te hace perder el tiempo.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
es una pequeña metáfora de lo que es tu vida,
pensando en lo más importante,
acordándote de tus seres más queridos,
pensando en la meta, y con quienes compartirás tu alegría al regreso.
-
Hace sólo un par de días,
un amigo me mostró su punto de vista ante cierto tema...
"Julio. Tienes dos formas de ver las cosas. O te centras en la meta y luchas y luchas por ella sin quitarle los ojos de encima; o disfrutas el camino por completo, y la meta será simplemente, la coronación de un viaje duro, pero placentero."
Los 45,5 kilómetros que me tomó llegar a la cima,
los disfruté kilómetro a kilómetro,
metro a metro.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
después de haber vivido los
nueve meses más intensos de tu vida,
la cumbre tiene otra dimensión.
Pasar frente a aquel pequeño letrero indicando
CURVA 40,
es una nueva llamada a la vida,
no la indicación que dice "META".
Mi vida está llena de cumbres que conquistar,
y el 11 de noviembre de 2006,
sólo pasé por la primera.
Es cierto, no olvidaré aquel momento.
Tampoco olvidaré lo cerca
que la muerte estuvo de mí hace dos meses.
En cuarenta curvas,
más de noventa kilómetros recorridos,
más de seis horas de pedaleo,
tres litros de agua,
y por sobre todo, mucha,
mucha convicción,
recordé a mi viejo que me enseñó a pedalear,
recordé a mis seres más queridos,
busqué en mi corazón a la mujer que amo
y con quien quisiera pasar el resto de mis días.
Y di gracias a Dios por permitirme disfrutar
de tan hermoso paisaje
a 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Y todo esto, durante los últimos nueve meses.
Julio.
he visto nacer vida,
frágil como son los pequeños cuando vienen
a este convulsionado mundo.
Pero aferrados a la vida,
al pecho materno,
sin quitar la mirada sobre los ojos de la madre,
o del padre cuando los cobija.
También he visto partir a seres queridos.
La muerte es un misterio que
cuesta mucho comprender.
Sin ir más lejos, que cerca estuve yo de ella
hace sólo dos meses atrás.
Sólo dos meses atrás.
-
En estos últimos nueve meses,
he visto como el sueño de titularme
junto a mis compañeros,
se desvanece de manera irreparable.
Pero también he visto logros,
he visto a personas dar lo mejor de si,
incluso aquellas cosas que
no sabían que podían dar.
Personalmente he conquistado algunas metas...
-
Farellones en bicicleta,
pocos piensan en tratar de hacer tamaña locura.
Entre muchas otras cosas,
son cuarenta interminables vueltas en forma de U,
que te exigen al máximo,
te hacen desesperar,
te fatigan,
te hacen por momentos creer que no llegarás,
te hacen sacar fuerzas de donde no las hay,
y en horas y horas de pedaleo,
tienes tiempo incluso
para pensar en aquello verdaderamente importante
que habías dejado de lado,
o en aquello imbécil que te hace perder el tiempo.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
es una pequeña metáfora de lo que es tu vida,
pensando en lo más importante,
acordándote de tus seres más queridos,
pensando en la meta, y con quienes compartirás tu alegría al regreso.
-
Hace sólo un par de días,
un amigo me mostró su punto de vista ante cierto tema...
"Julio. Tienes dos formas de ver las cosas. O te centras en la meta y luchas y luchas por ella sin quitarle los ojos de encima; o disfrutas el camino por completo, y la meta será simplemente, la coronación de un viaje duro, pero placentero."
Los 45,5 kilómetros que me tomó llegar a la cima,
los disfruté kilómetro a kilómetro,
metro a metro.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
después de haber vivido los
nueve meses más intensos de tu vida,
la cumbre tiene otra dimensión.
Pasar frente a aquel pequeño letrero indicando
CURVA 40,
es una nueva llamada a la vida,
no la indicación que dice "META".
Mi vida está llena de cumbres que conquistar,
y el 11 de noviembre de 2006,
sólo pasé por la primera.
Es cierto, no olvidaré aquel momento.
Tampoco olvidaré lo cerca
que la muerte estuvo de mí hace dos meses.
En cuarenta curvas,
más de noventa kilómetros recorridos,
más de seis horas de pedaleo,
tres litros de agua,
y por sobre todo, mucha,
mucha convicción,
recordé a mi viejo que me enseñó a pedalear,
recordé a mis seres más queridos,
busqué en mi corazón a la mujer que amo
y con quien quisiera pasar el resto de mis días.
Y di gracias a Dios por permitirme disfrutar
de tan hermoso paisaje
a 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Y todo esto, durante los últimos nueve meses.
Julio.
jueves, octubre 12
Testimonio
Hace algunos días, una profesora me pidió que diera un testimonio sobre la muerte de mi viejo, para un programa de magister. Todo esto, por supuesto, si yo quería. El tema que ella le tocaba exponer era sobre "El duelo", y no quería hacer una clase sólo expositiva, sino también un poco más testimonial, de manera de motivar a los alumnos, en un tema que de por sí, es complicado tratar. Por mi parte, accedí gustoso.
El siguiente texto corresponde a lo que yo leí aquel día, ante aproximadamente cincuenta personas. Fue una experiencia fuerte, pero bastante hermosa. Ahora lo comparto con ustedes, aunque hoy no sea esto precisamente lo que me ha movilizado durante el día.
-
"Testimonio
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
jueves, septiembre 28
El mundo ideal
No me importa lo que piense la gente. ¿Alguien podría tener la valentía de negármelo? Sé muy bien por lo que estoy pasando, y lo que el resto piensa al respecto. Pero hoy, vuelvo a confirmar, por desgracia, algo que ya había escrito hace algunas semanas atrás…. Creo que cada uno se las arregla como mejor pueda. El resto, es pura mierda molida, puras frasecitas bonitas de ánimo y de buenas intenciones no medidas, por tanto, sin ningún peso. Cada uno está inmerso en lo que tiene que hacer, en lo que debe hacer, realizando responsablemente cada una de sus propias actividades. ¡Felicidades! ¡Se han ganado el premio a los hombres y mujeres que el mundo necesita! Y resulta que luego, el que está mal enfocado soy yo, justamente porque tengo tan arraigado el sentido de la responsabilidad, que hoy vivo deprimido, que hoy vivo sólo para darle en el gusto al resto, por estar vivo para ellos, porque en lo que a mí respecta, no hay ninguna diferencia entre vivir sin sentido o quitarse la vida. La única diferencia no está en lo que ocurra en mí, sino en lo que ocurra en el resto. El problema no es quitarse la vida, sino qué haces con tu vida mientras vives.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
-
Aún Julio.
domingo, septiembre 10
Dar la vida por alguien
Hoy, durante la Misa me hice una pregunta. Es algo que hace algún tiempo vengo pensando, y que no he podido avanzar mucho más desde el día en que empecé: ¿Se puede dar la vida por otros? Yo sé que el Evangelio habla justamente de eso, pero vamos a los actos concretos. Si yo veo a alguien que sufre, y le pido a Dios que sea yo quien cargue con ese sufrimiento a cambio de que aquel hombre o mujer, puede vivir aliviado... ¿Dios me concederá el deseo? Y qué pasa cuando no es sólo un sufrimiento, sino una vida completa la que está en juego. Entonces, podemos pedirle a Dios, que tome nuestra vida a cambio de aquella.
Cambiemos la pregunta: ¿hasta qué punto, o de qué manera el Evangelio nos invita a dar la vida por otros? No hablo que nos andemos quitando la vida por nuestras propias manos. Eso sería una estupidez. Pero tampoco quiero respuestas con que hay que servir al prójimo, acompañándolo, acogiéndolo, etc. etc. Hablo de algo más prufundo, algo totalmente espiritual, pero completamente material. ¿Hasta qué punto podemos hacer tratos con Dios? ¿Hasta qué punto VERDADERAMENTE, estaríamos dispuestos a dar la vida por otro hombre. ¿Mediríamos las consecuencias? ¿Preguntaríamos de quién se trata? ¿Nos gustaría saber cuáles son los motivos? Entonces, ¿cómo puedo, real, física, verdadera, tangiblemente, pedirle a Dios que me permita cargar con la cruz de otro, a cambio de su felicidad? Y qué pasaría si se presentara el mismo Señor y me dijera: Julio: ¿quieres ver feliz a esa persona? Ok, pero si deseas cargar con la cruz que tenía preparada para esa persona, puedes hacerlo, pero la pasarás mal, muy mal. ¿quieres hacerlo de todas formas, o mejor, cada uno con su cruz?
O estoy entendiendo mal el Evangelio, o de esto se trata la frase "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Y si ni siquiera es una amigo, mejor todavía.
Si no soy capaz de responderle a Dios con un SÍ, quiere decir que no entiendo NADA de lo que realmente hay en la Biblia.
Julio.
Cambiemos la pregunta: ¿hasta qué punto, o de qué manera el Evangelio nos invita a dar la vida por otros? No hablo que nos andemos quitando la vida por nuestras propias manos. Eso sería una estupidez. Pero tampoco quiero respuestas con que hay que servir al prójimo, acompañándolo, acogiéndolo, etc. etc. Hablo de algo más prufundo, algo totalmente espiritual, pero completamente material. ¿Hasta qué punto podemos hacer tratos con Dios? ¿Hasta qué punto VERDADERAMENTE, estaríamos dispuestos a dar la vida por otro hombre. ¿Mediríamos las consecuencias? ¿Preguntaríamos de quién se trata? ¿Nos gustaría saber cuáles son los motivos? Entonces, ¿cómo puedo, real, física, verdadera, tangiblemente, pedirle a Dios que me permita cargar con la cruz de otro, a cambio de su felicidad? Y qué pasaría si se presentara el mismo Señor y me dijera: Julio: ¿quieres ver feliz a esa persona? Ok, pero si deseas cargar con la cruz que tenía preparada para esa persona, puedes hacerlo, pero la pasarás mal, muy mal. ¿quieres hacerlo de todas formas, o mejor, cada uno con su cruz?
O estoy entendiendo mal el Evangelio, o de esto se trata la frase "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Y si ni siquiera es una amigo, mejor todavía.
Si no soy capaz de responderle a Dios con un SÍ, quiere decir que no entiendo NADA de lo que realmente hay en la Biblia.
Julio.
miércoles, septiembre 6
Algunas reflexiones con y sin sentido
Por esas cosas de la computación, llevaba escribiendo algo más de una hora para mi blog, y repentinamente el texto se borró. Como suele suceder en estos casos, la copia de seguridad no funcionó, por lo que no quedó registro alguno de mis humildes reflexiones...
Pero como no me daré por vencido, creo que podré resumir en pocas palabras, y de manera muy intensa, todo lo que llevaba escrito hasta el momento.
Seré sincero: si hace algunos minutos me daba más o menos lo mismo sobre lo que pensaran de mis reflexiones, ahora que tengo que escribir todo nuevamente, no me importa nada.
Creo que resumiendo mis ideas podría decir lo siguiente:
1.- Al mundo venimos solos, y solos nos las tendremos que arreglar. El que podamos "asociarnos", o reunirnos bajo cualquier forma, sólo será por dos excluyentes razones: o por gracia de Dios, o por simple temporalidad, la que por definición, tenderá a cero, es decir, el grupo tenderá a desaparecer.
2.- Somos presa de diferentes formas de "fachadas". Si alguien cree que no vive de esa forma, por favor, deje su correo o su número telefónico y le devolveré de inmediato el llamado. Porque qué ganas de saber cuál es la clave!!!
3.- Nuestro roles nos encasillan y nos enmarcan, muchas veces, no permitiéndonos desarrollarnos o vivir nuestras vidas como nosotros quisiéramos. El miedo al escándalo, a la desilusión, a fallarle a la gente, es más fuerte de lo que realmente pensamos.
4.- Nadie puede hablar mal de la muerte. Quien lo hiciera, estaría hablando mal de algo que no ha vivido en carne propia. ¡qué feo sería eso! Por lo tanto, sólo quien muere puede dar opinión con conocimiento de causa. Pero qué difícil sería conocer esa opinión. Luego, no me parece justo hablar mal de los suicidas. En última instancia, hicieron algo de lo cual jamás podrán arrepentirse. ¿Quién soy yo para juzgarlos?
5.- Sobrellevar la desesperación con la evasión es algo válido. Te permite seguir viviendo. En el mejor de los casos, la desesperación pasará y se volverá a la cotidianeidad de la vida.
6.- Cuidado de vivir una vida sin sentido. Se está más cerca de la muerte de esta forma, y salvo que se quiera llegar voluntariamente a esta última condición, más vale encontrar sentido a todo lo que hagamos. De otra forma, corremos el riesgo de no dejar espacio al arrepentimiento. Grave sería.
7.- Detrás de todo hombre, por enfermizo que parezca, hay un corazón que late y que busca la Verdad ante todo. Descubrir este misterio será lo más preciado que cualquier ser humano pueda llegar a tener.
Julio.
Pero como no me daré por vencido, creo que podré resumir en pocas palabras, y de manera muy intensa, todo lo que llevaba escrito hasta el momento.
Seré sincero: si hace algunos minutos me daba más o menos lo mismo sobre lo que pensaran de mis reflexiones, ahora que tengo que escribir todo nuevamente, no me importa nada.
Creo que resumiendo mis ideas podría decir lo siguiente:
1.- Al mundo venimos solos, y solos nos las tendremos que arreglar. El que podamos "asociarnos", o reunirnos bajo cualquier forma, sólo será por dos excluyentes razones: o por gracia de Dios, o por simple temporalidad, la que por definición, tenderá a cero, es decir, el grupo tenderá a desaparecer.
2.- Somos presa de diferentes formas de "fachadas". Si alguien cree que no vive de esa forma, por favor, deje su correo o su número telefónico y le devolveré de inmediato el llamado. Porque qué ganas de saber cuál es la clave!!!
3.- Nuestro roles nos encasillan y nos enmarcan, muchas veces, no permitiéndonos desarrollarnos o vivir nuestras vidas como nosotros quisiéramos. El miedo al escándalo, a la desilusión, a fallarle a la gente, es más fuerte de lo que realmente pensamos.
4.- Nadie puede hablar mal de la muerte. Quien lo hiciera, estaría hablando mal de algo que no ha vivido en carne propia. ¡qué feo sería eso! Por lo tanto, sólo quien muere puede dar opinión con conocimiento de causa. Pero qué difícil sería conocer esa opinión. Luego, no me parece justo hablar mal de los suicidas. En última instancia, hicieron algo de lo cual jamás podrán arrepentirse. ¿Quién soy yo para juzgarlos?
5.- Sobrellevar la desesperación con la evasión es algo válido. Te permite seguir viviendo. En el mejor de los casos, la desesperación pasará y se volverá a la cotidianeidad de la vida.
6.- Cuidado de vivir una vida sin sentido. Se está más cerca de la muerte de esta forma, y salvo que se quiera llegar voluntariamente a esta última condición, más vale encontrar sentido a todo lo que hagamos. De otra forma, corremos el riesgo de no dejar espacio al arrepentimiento. Grave sería.
7.- Detrás de todo hombre, por enfermizo que parezca, hay un corazón que late y que busca la Verdad ante todo. Descubrir este misterio será lo más preciado que cualquier ser humano pueda llegar a tener.
Julio.
lunes, julio 24
Libres para amar
En alguna parte leí o escuché la frase "Libres para amar". No recuerdo dónde fue. Me suele pasar, porque con frecuencia leo mucho y después no recuerdo la fuente. Y lo mejor de todo, es que no tengo completa claridad sobre las ideas que hoy quiero expresar. Lo que también me suele pasar.
Cristo dijo "La verdad los hará libres" (Juan 8,32). Frase utilizada por Juan Pablo II en su Encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la Verdad). Creo que tiene un peso tremendo en la vida de todo hombre. ¿Cuán libre soy, para poder amar? ¿Cuán verdadero es el Hombre, para vivir libre, sin miedos, sin temores, abierto a construir de manera transparente? ¿Qué se necesita para tener una verdadera apertura para amar?
Busco llegar a amar algún día de manera libre. Sentir la confianza en mis actos que me permitan sentir plenitud en mi vida. Vivir en permanente búsqueda de la verdad, sin relativismos, sin engaños, sin falsas comodidades. Buscar y encontrar la verdad. Buscar y encontrar la libertad. Vivir la gracia de esa libertad. Sólo en ese punto, creo poder encontrar la verdadera apertura para amar.
"...y la verdad os hará libres" (Cristo)
-
Julio.
Cristo dijo "La verdad los hará libres" (Juan 8,32). Frase utilizada por Juan Pablo II en su Encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la Verdad). Creo que tiene un peso tremendo en la vida de todo hombre. ¿Cuán libre soy, para poder amar? ¿Cuán verdadero es el Hombre, para vivir libre, sin miedos, sin temores, abierto a construir de manera transparente? ¿Qué se necesita para tener una verdadera apertura para amar?
Busco llegar a amar algún día de manera libre. Sentir la confianza en mis actos que me permitan sentir plenitud en mi vida. Vivir en permanente búsqueda de la verdad, sin relativismos, sin engaños, sin falsas comodidades. Buscar y encontrar la verdad. Buscar y encontrar la libertad. Vivir la gracia de esa libertad. Sólo en ese punto, creo poder encontrar la verdadera apertura para amar.
"...y la verdad os hará libres" (Cristo)
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Julio.
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