En los últimos días hemos sido testigos de la erupción del Volcán Chaitén, en la Región de Los Lagos de nuestro país. Hemos visto esa enorme columna de humo y cenizas que se ha levantado por cerca de 30.000 metros por sobre el nivel del mar, esto es, más de tres veces el tamaño del monte Everest (8.850 m.s.n.m.). Junto con esto, también hemos podido observar el enorme despliegue que se ha montado para evacuar a los habitantes de las localidades cercanas, y de esta forma evitar una tragedia de proporciones. Es en estos hombres y mujeres que quiero centrar mi atención el día de hoy. Han sido varias miles de personas las desplazadas, que han tenido que abandonar sus hogares, muchos de ellos prácticamente con lo puesto.
¿Qué haces cuando de un minuto a otro suenan las sirenas, y te anuncian por radio que un volcán del que algunos no tenías conocimiento de su existencia, ha comenzado a hacer erupción, y que amenaza el lugar donde vives? ¿Cuáles son las cosas que instintivamente tienes a guardar rápidamente en un bolso para llevarte a un albergue? He escuchado que algunos rescataron sus fotos, otros, la mayor cantidad de ropa que pudieron, otros, artículos personales de valor. Probablemente habrá tantos elementos personales como albergados. Pero, y yo, ¿qué rescataría?
Hace aproximadamente un mes, tengo un notebook nuevo. Lo llevo a casi todas partes. En él guardo fotos, cartas, trabajos, documentos de todo tipo, y muchas, muchas hojas de reflexiones que he escrito en mi vida. Éstas son como una ventana hacia mi vida. ¿Pero rescataría un notebook de una catástrofe así? Creo que si tuviera que hacer una lista de cosas a salvar (por supuesto, lo digo ahora en la tranquilidad de mi hogar), no partiría por este computador. En mi caso salvaría algo que puedo encontrar en muchas partes, pero que para mí tiene un valor histórico y espiritual muy especial. Me llevaría, en primer lugar, mi Biblia. Sé que libros como ese puedo encontrar en muchas tiendas, pero MI BIBLIA no. Tampoco digo con esto que dejar el resto de mis pertenencias sería algo sencillo. Cada una de ellas tiene una historia y un valor sentimental impagable, pero sin embargo, en muchas cosas que pudieran tener un valor monetario no pensaría, no ocuparía con ellas un espacio en mi mochila. ¿Luego me pregunto, cuáles son las bases de mi vida, que estoy dispuesto a salvar cueste lo que cueste? ¿Cuáles son aquellos elementos que bajo ningún punto de vista transaría, dejaría de lado, u olvidaría?
Todo ser humano tiene su propia escala jerárquica a la hora de organizar su vida y sus acciones. Algunos actúan de manera inconsiente. Otros, bajo mucha racionalidad. Yo creo ser un híbrido entre una y otra. Pero vuelvo a mi pregunta de fondo: ¿cuáles son las bases de mi vida que estoy dispuesto a salvar cueste lo que cueste? Esto me deja pensando.
Y a todos los compatriotas que debieron abandonar sus hogares, vayan para ellos un fuerte y fraternal abrazo de ánimo, fuerza y esperanza. Son un ejemplo de desapego para mí.
Julio.
miércoles, mayo 7
viernes, abril 18
Carta Denuncia Generacional
Denuncio por medio de las siguientes líneas, a toda la generación de hombres y mujeres que se dicen ser de “los años ‘60”. Denuncio a todos ellos que querían cambiar el mundo y que se durmieron en el intento. Denuncio a todos ellos que soñaron con hacer de este planeta un mundo mejor, y que fueron consumidos por el sistema. Denuncio a todos ellos que pensaron que la tolerancia, el diálogo y la paz, iban a ser las armas del futuro, y terminaron apoyando activa o pasivamente la intransigencia, la incomunicación por simple comodidad y la beligerancia en cualquiera de sus formas. Los denuncio, porque prometieron darnos una sociedad mejor, más justa, más amable, y cambio de eso, hoy vivimos rodeados de más adelantos tecnológicos, pero no de más felicidad. Sin embargo, a todos ellos que no creyeron en sus propios sueños, a todos ellos que por los avatares de la vida tuvieron que postergar sus nobles proyectos convirtiéndolos en tristes utopías, les pido que al menos, no coarten los sueños de nosotros, generación joven que aún cree que el mundo puede ser un lugar digno de vivir y de soñar. Les pido que nos permitan crear, que nos permitan soñar con metas inalcanzables y con caminos de felicidad. Y porque creemos que nunca es tarde para hacer algo, los recibiremos alegres a todos ellos que quieran ser partícipes de un proyecto de vida soñador y felizmente utópico. Al menos, permítanme soñar con esto hasta el día de mi muerte.
Julio Goffard
28 años, Chileno.
Julio Goffard
28 años, Chileno.
miércoles, abril 2
De vuelta por estos "lugares"
Estimadas y estimados todos
Hace tiempo que no pasaba por acá.
Estas palabras servirán para darle un pequeño impulso a este blog, y en una de esas, continuar escribiendo en los días posteriores.
Leí lo que había escrito hace algunos meses atrás: dramáticas declaraciones a mi parecer. Sin embargo, no las borraré, al menos por ahora. Serán, por el momento, testimonio de los difíciles meses que pasé mientras la depresión hacía de las suyas en mi vida. Hoy la película es radicalmente diferente.
Volví a clases. Junto con ello, volví a tener fuerzas y a soñar nuevamente. Hoy vivo la vida de manera más intensa, más perceptiva, más vivida. Conozco muy bien lo que significa estar cerca de la muerte. Eso me lleva a aferrarme a la vida mejor que nadie. Es, por estos días, mi mejor activo. Y que de activos tengo muchos.
Hasta la próxima mis amigos. Bendiciones a todos. Nos mantenemos en contacto.
Julio.
Hace tiempo que no pasaba por acá.
Estas palabras servirán para darle un pequeño impulso a este blog, y en una de esas, continuar escribiendo en los días posteriores.
Leí lo que había escrito hace algunos meses atrás: dramáticas declaraciones a mi parecer. Sin embargo, no las borraré, al menos por ahora. Serán, por el momento, testimonio de los difíciles meses que pasé mientras la depresión hacía de las suyas en mi vida. Hoy la película es radicalmente diferente.
Volví a clases. Junto con ello, volví a tener fuerzas y a soñar nuevamente. Hoy vivo la vida de manera más intensa, más perceptiva, más vivida. Conozco muy bien lo que significa estar cerca de la muerte. Eso me lleva a aferrarme a la vida mejor que nadie. Es, por estos días, mi mejor activo. Y que de activos tengo muchos.
Hasta la próxima mis amigos. Bendiciones a todos. Nos mantenemos en contacto.
Julio.
jueves, noviembre 1
Un miércoles por la noche...
Dicen que cuando vas a buscar pega a ciertas empresas, a medida que vas avanzando en el proceso de selección, los "seleccionadores" buscan todo lo que aparece de ti en la red. Eso significa que se encontrarán con estas reflexiones y mucho más en el ciber-espacio. No me importa. Estas palabras no disminuyen mi capacidad profesional. Incluso la engrandece.
Técnicamente, o mejor dicho, estadísticamente, sólo el 1 % de las personas que sufren depresión terminan por suicidarse. No sé si la cifra será real o no, pero me parece que incluso es un poco abultada. Esto significa que la probabilidad que yo salga con vida de mi actual proceso depresivo es bastante alta. Interesante.
Sin embargo, en ese uno por ciento de fatalidad cabe un ser humano completo.
Cuando caigo en mis bajones profundos de desesperación y desolación, me sobran las ideas para terminar con todo. Y esos momentos aún no han desaparecido del todo de mi mente. Matarse de manera correcta no es fácil, como muchos piensan. Hay tantos factores que pueden influir en que uno quede vivo! Hay que pensar en todo, incluso cuando piesas en quitarte la vida.
Si tuviera la respuesta a lo que debo hacer, creo que sería más fácil ver esta película.
Julio.
Técnicamente, o mejor dicho, estadísticamente, sólo el 1 % de las personas que sufren depresión terminan por suicidarse. No sé si la cifra será real o no, pero me parece que incluso es un poco abultada. Esto significa que la probabilidad que yo salga con vida de mi actual proceso depresivo es bastante alta. Interesante.
Sin embargo, en ese uno por ciento de fatalidad cabe un ser humano completo.
Cuando caigo en mis bajones profundos de desesperación y desolación, me sobran las ideas para terminar con todo. Y esos momentos aún no han desaparecido del todo de mi mente. Matarse de manera correcta no es fácil, como muchos piensan. Hay tantos factores que pueden influir en que uno quede vivo! Hay que pensar en todo, incluso cuando piesas en quitarte la vida.
Si tuviera la respuesta a lo que debo hacer, creo que sería más fácil ver esta película.
Julio.
lunes, octubre 15
Declaración
Quiero dejar por escrito, algunas cosas que considero importantes. Llevo casi 18 meses en tratamiento, y ante la eventualidad de un suicidio, quiero expresar lo siguiente:
- Quedan absolutamente libre de culpa todos los profesionales que estuvieron trabajando por hacer que yo saliera adelante. Me refiero a psiquiatras, psicólogos y otros que pudieron haber ayudado. No quiero que se emprendan acciones en su contra. Hicieron todo lo posible que estaba en sus manos, pero la desolación fue mayor.
- Les pido que me perdonen. No di más.
Julio.
- Quedan absolutamente libre de culpa todos los profesionales que estuvieron trabajando por hacer que yo saliera adelante. Me refiero a psiquiatras, psicólogos y otros que pudieron haber ayudado. No quiero que se emprendan acciones en su contra. Hicieron todo lo posible que estaba en sus manos, pero la desolación fue mayor.
- Les pido que me perdonen. No di más.
Julio.
viernes, mayo 4
De vuelta, aunque no sé por cuánto
Hola a todos, qué tal...
Hace tiempo no pasaba por mi propio sitio. Interesante forma de escribir la que yo mismo tengo. Me impresioné por lo pesimista que soy con algunos temas, y por lo esperanzador con otros. En fin, las cosas en el último año no han sido nada de fáciles. Y lo que son las cosas: mientras más difícil, más aprendes. (Aunque a veces queremos respirar con normalidad).
Hace tiempo no escribo. Había perdido la costumbre. Cuesta que salgan las palabras. Pero al menos, este fue un comienzo. Ojalá siga la racha.
Muchas bendiciones a todos. Y buen fin de semana.
Julio.
Hace tiempo no pasaba por mi propio sitio. Interesante forma de escribir la que yo mismo tengo. Me impresioné por lo pesimista que soy con algunos temas, y por lo esperanzador con otros. En fin, las cosas en el último año no han sido nada de fáciles. Y lo que son las cosas: mientras más difícil, más aprendes. (Aunque a veces queremos respirar con normalidad).
Hace tiempo no escribo. Había perdido la costumbre. Cuesta que salgan las palabras. Pero al menos, este fue un comienzo. Ojalá siga la racha.
Muchas bendiciones a todos. Y buen fin de semana.
Julio.
martes, diciembre 19
Un tema vetado, una salida optimista
Recuerdo en una ocasión haber escuchado a un compañero de colegio decir: "quisiera tener la valentía que tuvo él, para yo también quitarme la vida". Mi compañero se refería a Raimundo Tupper, 26 años, jugador de fútbol de la Universidad Católica, cuando producto de una depresión endógena, éste se lanzara del noveno piso del hotel donde se hospedaba el equipo, en una gira por Centro América. ¿Por qué mi compañero veía valentía donde todos veían cobardía? ¿Por qué llama tanto la atención la muerte por suicidio? ¿Son cobardes o son valientes?
Con respecto al tema del suicidio, David Hume, filósofo inglés del siglo XVIII, hace un ensayo bastante interesante sobre el marco ético y las implicancias de un suicidio. Pero ojo, hay que leerlo con cuidado.
En lo que a mí respecta, responder a si son cobardes o valientes (que ya es una pregunta escalofriante) estos hombres y mujeres que se quitan la vida, me parece injusto de mi parte. Creo que pecaría de una soberbia abismal. Sólo tendría derecho a mirar el tema bajo los ojos del Evangelio. Buscar una mirada con sentido, con esperanza, con perdón, con consuelo.
No es fácil hablar de este tema. Corrijo, es muy fácil hablar del tema, cuando no hay antecedentes de personas involucradas directa o indirectamente. Pero de otra manera, nadie habla, como tantos otros temas del cristianismo. Temas vetados como si las grandes catedrales y las magníficas capillas históricas, se fueran a caer de un segundo a otro.
Yo no sé cuáles eran las creencias de Raimundo Tupper. Nunca vamos a saber si se pudo o no haber evitado tan horrorosa muerte. El hombre que está en vías de autoeliminarse no entiende argumentos racionales. No convive con él la lógica. Ha perdido toda voluntad. Ya no hay más sentido.
Para un hombre afectado por algún tipo de enfermedad mental, hay puntos que pueden parecer sin retorno. A veces, por desgracia, no es mucho lo que se puede hacer por ellos. Sin embargo, mientras exista tiempo, hay un elemento gratuito, sobreabundante, tremendamente efectivo, pero por desgracia poco practicado, que está al alcance de todos: LA COMUNICACIÓN. Ese simple hecho de traspasar nuestras ideas, y buscar comprender las ideas del otro, hará, sin duda, que se eviten ingratos momentos, y que se pueda vivir en un mundo más saludable.
Julio.
Con respecto al tema del suicidio, David Hume, filósofo inglés del siglo XVIII, hace un ensayo bastante interesante sobre el marco ético y las implicancias de un suicidio. Pero ojo, hay que leerlo con cuidado.
En lo que a mí respecta, responder a si son cobardes o valientes (que ya es una pregunta escalofriante) estos hombres y mujeres que se quitan la vida, me parece injusto de mi parte. Creo que pecaría de una soberbia abismal. Sólo tendría derecho a mirar el tema bajo los ojos del Evangelio. Buscar una mirada con sentido, con esperanza, con perdón, con consuelo.
No es fácil hablar de este tema. Corrijo, es muy fácil hablar del tema, cuando no hay antecedentes de personas involucradas directa o indirectamente. Pero de otra manera, nadie habla, como tantos otros temas del cristianismo. Temas vetados como si las grandes catedrales y las magníficas capillas históricas, se fueran a caer de un segundo a otro.
Yo no sé cuáles eran las creencias de Raimundo Tupper. Nunca vamos a saber si se pudo o no haber evitado tan horrorosa muerte. El hombre que está en vías de autoeliminarse no entiende argumentos racionales. No convive con él la lógica. Ha perdido toda voluntad. Ya no hay más sentido.
Para un hombre afectado por algún tipo de enfermedad mental, hay puntos que pueden parecer sin retorno. A veces, por desgracia, no es mucho lo que se puede hacer por ellos. Sin embargo, mientras exista tiempo, hay un elemento gratuito, sobreabundante, tremendamente efectivo, pero por desgracia poco practicado, que está al alcance de todos: LA COMUNICACIÓN. Ese simple hecho de traspasar nuestras ideas, y buscar comprender las ideas del otro, hará, sin duda, que se eviten ingratos momentos, y que se pueda vivir en un mundo más saludable.
Julio.
martes, noviembre 14
Metáfora de una vida
Durante los últimos nueves meses
he visto nacer vida,
frágil como son los pequeños cuando vienen
a este convulsionado mundo.
Pero aferrados a la vida,
al pecho materno,
sin quitar la mirada sobre los ojos de la madre,
o del padre cuando los cobija.
También he visto partir a seres queridos.
La muerte es un misterio que
cuesta mucho comprender.
Sin ir más lejos, que cerca estuve yo de ella
hace sólo dos meses atrás.
Sólo dos meses atrás.
-
En estos últimos nueve meses,
he visto como el sueño de titularme
junto a mis compañeros,
se desvanece de manera irreparable.
Pero también he visto logros,
he visto a personas dar lo mejor de si,
incluso aquellas cosas que
no sabían que podían dar.
Personalmente he conquistado algunas metas...
-
Farellones en bicicleta,
pocos piensan en tratar de hacer tamaña locura.
Entre muchas otras cosas,
son cuarenta interminables vueltas en forma de U,
que te exigen al máximo,
te hacen desesperar,
te fatigan,
te hacen por momentos creer que no llegarás,
te hacen sacar fuerzas de donde no las hay,
y en horas y horas de pedaleo,
tienes tiempo incluso
para pensar en aquello verdaderamente importante
que habías dejado de lado,
o en aquello imbécil que te hace perder el tiempo.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
es una pequeña metáfora de lo que es tu vida,
pensando en lo más importante,
acordándote de tus seres más queridos,
pensando en la meta, y con quienes compartirás tu alegría al regreso.
-
Hace sólo un par de días,
un amigo me mostró su punto de vista ante cierto tema...
"Julio. Tienes dos formas de ver las cosas. O te centras en la meta y luchas y luchas por ella sin quitarle los ojos de encima; o disfrutas el camino por completo, y la meta será simplemente, la coronación de un viaje duro, pero placentero."
Los 45,5 kilómetros que me tomó llegar a la cima,
los disfruté kilómetro a kilómetro,
metro a metro.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
después de haber vivido los
nueve meses más intensos de tu vida,
la cumbre tiene otra dimensión.
Pasar frente a aquel pequeño letrero indicando
CURVA 40,
es una nueva llamada a la vida,
no la indicación que dice "META".
Mi vida está llena de cumbres que conquistar,
y el 11 de noviembre de 2006,
sólo pasé por la primera.
Es cierto, no olvidaré aquel momento.
Tampoco olvidaré lo cerca
que la muerte estuvo de mí hace dos meses.
En cuarenta curvas,
más de noventa kilómetros recorridos,
más de seis horas de pedaleo,
tres litros de agua,
y por sobre todo, mucha,
mucha convicción,
recordé a mi viejo que me enseñó a pedalear,
recordé a mis seres más queridos,
busqué en mi corazón a la mujer que amo
y con quien quisiera pasar el resto de mis días.
Y di gracias a Dios por permitirme disfrutar
de tan hermoso paisaje
a 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Y todo esto, durante los últimos nueve meses.
Julio.
he visto nacer vida,
frágil como son los pequeños cuando vienen
a este convulsionado mundo.
Pero aferrados a la vida,
al pecho materno,
sin quitar la mirada sobre los ojos de la madre,
o del padre cuando los cobija.
También he visto partir a seres queridos.
La muerte es un misterio que
cuesta mucho comprender.
Sin ir más lejos, que cerca estuve yo de ella
hace sólo dos meses atrás.
Sólo dos meses atrás.
-
En estos últimos nueve meses,
he visto como el sueño de titularme
junto a mis compañeros,
se desvanece de manera irreparable.
Pero también he visto logros,
he visto a personas dar lo mejor de si,
incluso aquellas cosas que
no sabían que podían dar.
Personalmente he conquistado algunas metas...
-
Farellones en bicicleta,
pocos piensan en tratar de hacer tamaña locura.
Entre muchas otras cosas,
son cuarenta interminables vueltas en forma de U,
que te exigen al máximo,
te hacen desesperar,
te fatigan,
te hacen por momentos creer que no llegarás,
te hacen sacar fuerzas de donde no las hay,
y en horas y horas de pedaleo,
tienes tiempo incluso
para pensar en aquello verdaderamente importante
que habías dejado de lado,
o en aquello imbécil que te hace perder el tiempo.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
es una pequeña metáfora de lo que es tu vida,
pensando en lo más importante,
acordándote de tus seres más queridos,
pensando en la meta, y con quienes compartirás tu alegría al regreso.
-
Hace sólo un par de días,
un amigo me mostró su punto de vista ante cierto tema...
"Julio. Tienes dos formas de ver las cosas. O te centras en la meta y luchas y luchas por ella sin quitarle los ojos de encima; o disfrutas el camino por completo, y la meta será simplemente, la coronación de un viaje duro, pero placentero."
Los 45,5 kilómetros que me tomó llegar a la cima,
los disfruté kilómetro a kilómetro,
metro a metro.
Cuando subes a Farellones en bicicleta,
después de haber vivido los
nueve meses más intensos de tu vida,
la cumbre tiene otra dimensión.
Pasar frente a aquel pequeño letrero indicando
CURVA 40,
es una nueva llamada a la vida,
no la indicación que dice "META".
Mi vida está llena de cumbres que conquistar,
y el 11 de noviembre de 2006,
sólo pasé por la primera.
Es cierto, no olvidaré aquel momento.
Tampoco olvidaré lo cerca
que la muerte estuvo de mí hace dos meses.
En cuarenta curvas,
más de noventa kilómetros recorridos,
más de seis horas de pedaleo,
tres litros de agua,
y por sobre todo, mucha,
mucha convicción,
recordé a mi viejo que me enseñó a pedalear,
recordé a mis seres más queridos,
busqué en mi corazón a la mujer que amo
y con quien quisiera pasar el resto de mis días.
Y di gracias a Dios por permitirme disfrutar
de tan hermoso paisaje
a 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Y todo esto, durante los últimos nueve meses.
Julio.
jueves, octubre 12
Testimonio
Hace algunos días, una profesora me pidió que diera un testimonio sobre la muerte de mi viejo, para un programa de magister. Todo esto, por supuesto, si yo quería. El tema que ella le tocaba exponer era sobre "El duelo", y no quería hacer una clase sólo expositiva, sino también un poco más testimonial, de manera de motivar a los alumnos, en un tema que de por sí, es complicado tratar. Por mi parte, accedí gustoso.
El siguiente texto corresponde a lo que yo leí aquel día, ante aproximadamente cincuenta personas. Fue una experiencia fuerte, pero bastante hermosa. Ahora lo comparto con ustedes, aunque hoy no sea esto precisamente lo que me ha movilizado durante el día.
-
"Testimonio
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
Mi vida se marca en un antes y un después de la muerte de mi viejo. Pero quiero recalcar en algo: y es que existe un después.
Mi nombre es Julio Goffard. Tengo 26 años. Soy alumno de quinto año de esta universidad. Y no les miento: me llena de orgullo decir que soy de la Alberto Hurtado.
Creo que para poder contarles sobre la muerte de mi padre, debo contarles brevemente sobre quién soy yo. Considero que es importante contextualizar las cosas. Actualmente estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico, por una profunda depresión ansiosa. Una de sus causas, es un duelo no vivido cuando falleciera mi padre. ¿Por qué les cuento esto, que es algo tan íntimo, tan personal? Porque en mi corta experiencia de vida, he descubierto que el dar testimonio, ha sido la herramienta principal para poder llegar a crear vínculos con la gente. Dando testimonio se es más transparente (cosa que en nuestra sociedad es algo cada vez más escaso), y siendo transparente se crean lazos de confianza. Luego, y recién ahí, se puede acompañar a alguien. Y lo que les digo ahora se los digo con mucha humildad, pero es que no puedo dejar de mencionar que, en la parroquia de la cual participo, una de las chicas que se prepara para hacer su Confirmación, me ha elegido como su Padrino. Y estoy feliz por eso!! Y estoy convencido que todo partió simplemente por atreverse a dar testimonio.
Me considero un hombre lleno de fallas, lleno de “pifias”, con errores por todos lados, un pecador por donde se me mire, sin embargo, en mi vida busco que se me recuerde no por ser un tipo talentoso o un genio, sino como un hombre consecuente, un hombre luchador, un hombre de una sola línea, y sobre todo, un hombre en quien se pueda confiar.
Luego de este pequeño marco de referencia, puedo hablarles más fácil de mi viejo.
Mi viejo fallece un 9 de noviembre del año 2003. Ya se van a cumplir 3 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Murió de un cáncer prostático. Maldita enfermedad. Larga, lenta, dolorosa. Tuve la gracia de poder trabajar en diferentes cosas con mi viejo, incluso pocas semanas antes que muriera. Eso me hizo aferrarme mucho más a él, especialmente en el último tiempo. Pero la enfermedad no le daba tregua. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para tratar de revertir la situación. Y aunque hubiésemos tenido todo el dinero del mundo, de nada habría servido. El cáncer se lo llevó igual al medio día de un domingo 9 de noviembre. Al menos, murió en su hogar, en su pieza, en su cama, rodeado de su esposa, sus hijos, y de quienes más lo querían.
En el momento de su fallecimiento, me tuve que “hacer el fuerte”. En esos instantes, todos mis hermanos, tanto los mayores como mi hermano menor, estaban francamente destrozados. Y tenían razón para estarlo. Y como sentí que alguien tenía que sacar la cara, yo asumí ese rol. No me arrepiento de la actitud que tomé, la de haberme mostrado fuerte, íntegro, de una sola pieza, pero con el tiempo me di cuenta que había cometido un error: me olvidé que tenía que llorar, cosa que nunca hice. Semanas después, en La Biblia, me reencontraba con una hermosa lectura: La Resurrección de Lázaro, de la que luego quiero hablarles un poco.
El tiempo pasó, y la muerte de mi viejo fue quedando atrás. Yo me encargué de mantenerme absolutamente ocupado, lleno de actividades. Es que sencillamente no quería pensar, no quería sentir, no quería asumir que mi viejo, mi querido viejo, ya no estaba conmigo, ya no estaba junto a mí. Y fue así como busqué trabajo; participé en cuanto grupo podía existir; en la universidad comencé a hacer ayudantías; me preocupé de tomar más ramos de lo normal y más que el resto de mis compañeros. Y lograba que me fuera bien. Nunca me di descanso, ni siquiera para salir de vacaciones. Y todo porque yo mismo no me permitía llorar.
Y fue así como colapsé. Así como cayeron las Torres Gemelas hace 5 años, así mismo yo me derrumbé. Y esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, unos 5 meses atrás, cuando corría el mes de mayo. La depresión por la que actualmente paso es la prueba más grande de mi desmoronamiento.
Pero en algún momento les dije que yo era un hombre lleno de fallas, pero también que era un hombre luchador. Y fue así que estando inmerso en la más honda depresión, lleno de angustias y con un profundo desánimo, decidí hacer algo que nunca había hecho desde que mi viejo había muerto: iría a verlo al cementerio. No les voy a mentir: no me atreví a ir sólo, y le pedí a una de mis mejores amigas que me acompañara. Y estando ahí, en el cementerio, frente a la tumba, leyendo su nombre, lloré. Lloré y lloré. Lloré como cabro chico. Lloré desconsoladamente. Lloré mientras mi amiga simplemente me abrazó. Lloré diciéndole a mi viejo lo mucho que lo quería, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que me hacía falta, diciéndole que todos los años en los que él no había estado, había tratado, desde lo más profundo de mi corazón, llevar una vida digna. Lloré con la esperanza que mi viejo se sintiera orgulloso de su hijo.
La paz con que ese día, mi amiga y yo nos retiramos del cementerio, ha sido uno de los momentos más lindos de mi vida.
Y aunque yo mismo no me lo crea, he vuelto a ir al cementerio, eso si, siempre acompañado. Yo sé que mi viejo no está ahí. Sólo está su cuerpo. Pero el sólo hecho de leer su nombre escrito en la lápida, me ayuda a asumir el aquí y el ahora de mi vida. Y seguiré yendo, con calma, con confianza y con esperanza.
En algún momento les mencioné la Resurrección de Lázaro. Espero que se acuerden. Quiero revisar brevemente ese pasaje bíblico. Jesús viajaba de Jerusalén a Betania, que está a unos 3 kilómetros, cuando recibe la noticia que su amigo Lázaro ha muerto. ¡Lázaro! ¡su amigo! Aquel con quien seguramente había compartido veladas enteras, largas conversaciones, enseñanzas, sus sueños, sus temores, caminatas, y quién sabe cuánto más. ¡Su amigo había muerto! Y Jesús llora. Y llora delante de los familiares de Lázaro, delante de sus discípulos, de sus apóstoles, y de todo un pueblo. Pero el mensaje que Jesús traía era un mensaje de vida, un mensaje de alegría, un mensaje de común-unión. Jesús se niega a la muerte, porque sabe que la muerte no tiene la última palabra. Y es particularmente hermoso como termina este pasaje bíblico: Jesús le pide al resto, que le saquen los vendajes a Lázaro, y en un metafórico llamado a la vida, que lo dejasen caminar.
En la vida hay tiempo para compartir, para reír, para festejar, pero todo esto debemos hacerlo mientras estemos vivos. No esperemos el día de nuestra muerte para comenzar a vivir. Pero también debemos permitirnos llorar. Si Cristo lloró frente a la muerte de su amigo, ¿por qué nosotros no?
Creo que la sociedad no nos puede vencer, privándonos de vivir nuestros lutos, que tanto merecemos.
Creo que debemos dejarnos ayudar, dejarnos acompañar, dejarnos amar.
Partí este testimonio diciendo que “mi vida se marcaba en un antes y un después de la muerte de mi viejo”, pero que también quería recalcar en algo, y es que existe un después de la muerte. La mayor prueba de esto, es que yo estoy aquí presente, gracias al amor que mi padre tuvo por mí. Si no fuera así, no estaría aquí dándoles gustoso este testimonio. Gracias."
jueves, septiembre 28
El mundo ideal
No me importa lo que piense la gente. ¿Alguien podría tener la valentía de negármelo? Sé muy bien por lo que estoy pasando, y lo que el resto piensa al respecto. Pero hoy, vuelvo a confirmar, por desgracia, algo que ya había escrito hace algunas semanas atrás…. Creo que cada uno se las arregla como mejor pueda. El resto, es pura mierda molida, puras frasecitas bonitas de ánimo y de buenas intenciones no medidas, por tanto, sin ningún peso. Cada uno está inmerso en lo que tiene que hacer, en lo que debe hacer, realizando responsablemente cada una de sus propias actividades. ¡Felicidades! ¡Se han ganado el premio a los hombres y mujeres que el mundo necesita! Y resulta que luego, el que está mal enfocado soy yo, justamente porque tengo tan arraigado el sentido de la responsabilidad, que hoy vivo deprimido, que hoy vivo sólo para darle en el gusto al resto, por estar vivo para ellos, porque en lo que a mí respecta, no hay ninguna diferencia entre vivir sin sentido o quitarse la vida. La única diferencia no está en lo que ocurra en mí, sino en lo que ocurra en el resto. El problema no es quitarse la vida, sino qué haces con tu vida mientras vives.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
Les mando a todos un “responsable” abrazo y saludo. Ojalá que todos tengan una hermosa semana!!! Que a todos se les cumplan todos sus planes y proyectos!!! ¡Qué felicidad más grande vivir en este mundo!
Si alguien a leído la Apología de Sócrates, me quedo con una de sus últimas frases antes de morir: “Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor, es algo que está oculto, menos a Dios”.
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Aún Julio.
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