¿Cuántos hombres son capaces de mirar al mundo con la suficiente distancia como para saber hacia dónde éste se dirige? ¿Podrán hacerlo los líderes de las grandes naciones? ¿Los físicos? ¿Los artistas? ¿Los intelectuales? Yo sólo pregunto.
Y supongamos que encontramos a muchos de ellos. Permitamos que ello ocurra. ¿Son ellos simples espectadores del camino que el mundo ha tomado? ¿O tienen algo que decir? ¿Basta señalar la dirección y el sentido de este planeta, o hay que intentar cambiar los acontecimientos? Porque permítanme decir algo: que un suceso ocurra con relativa frecuencia no significa que sea bueno. Por qué digo esto, porque la gente acepta como bueno todo aquello que sea parte habitual de las sociedades, de las civilizaciones, del mundo. La gente acepta la pobreza, porque los pobres han estado siempre. Aceptan la guerra, porque son tan antiguas como el mismo ser humano. Aceptan costumbres y tradiciones, sin cuestionar ni la más ínfima parte de ellas, simplemente porque así se ha hecho siempre. No se trata de sustituir principios y valores establecidos, por desconfianza y anarquía. Se trata de pensar. De pensar un poco más las cosas. Se trata de cuestionarse, aunque sea brevemente, la forma en que construimos esta sociedad, este planeta. Pensar, aún, es una de las pocas acciones que podemos hacer sin costo monetario. Gracias a Dios esto así es.
Siddharta hacía muy bien tres cosas.: pensar, esperar, ayunar. Yo sólo espero poder sacarle un buen partido a la primera. Al menos por ahora.
Julio.
viernes, febrero 10
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