domingo, febrero 12

Fachadas

Creo que en la vida, pasamos una gran parte del tiempo poniendo caras y tratando de caerle bien a la gente. ¿Por qué lo hacemos? Porque debemos comportarnos serios, mostrarnos como personas cultas, tolerantes, interesadas, bla bla bla.
Hace algunos días, salí con unos amigos a tomarnos unos tragos en algún lugar de la noche de Santiago. Yo debía estar ahí, fingiendo interés, fingiendo atención por las idioteces que el resto comentaba. Cuando estás de mal humor, y tienes que escuchar hablar de lo cotidiano de los problemas del resto, te das cuenta lo imbéciles que son los problemas que atormentan a la gente. Pero yo estaba ahí, en cuerpo presente, haciendo mi más grande esfuerzo por responder, y hasta aportar, a la conversación que se daba entre aquel numeroso grupo de individuos. Creo que en otro tiempo simplemente me habría parado de la mesa y me habría ido. O más aún, ni siquiera habría comenzado. Pero yo estaba ahí, en cuerpo presente.
¿Cuál es el problema con mostrarse tal cual se es? Creo que por desgracia, he pasado a ser parte de este sistema de vida, vacío, donde priman las fachadas antes que los interiores, donde el éxito se mide en números y no en sentimientos, donde la seguridad queda definida por el dinero y no por tus principios. Soy, por desgracia, parte del sistema. Lo más interesante de todo esto, es que para poder sobrevivir en esta sociedad, hay que vivir una moneda de dos caras: ser el hombre educado y cortés por una de ellas, y perseguir tus ideales y burlarte de tu entorno, por la otra. Vivo incómodo en un mundo que sólo quiere aceptar el lado "político y rentable", pero que no deja espacio a la crítica y los custionamientos. Ojalá que nunca, nunca, termine por aceptar este modelo de sociedad que busca sólo en los individuos lo que a la misma sociedad le conviene.
Julio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ciertamente raro somos quienes habitamos este mundo bajo varias fachadas distintas para cada situación en particular.
Cuanto temor hay en nosotros, que cuando encontramos aquella perla preciosa no nos atrevemos a vender todo lo que poseemos para comprarla. La mayoría de las veces es un miedo a estar arriesgando demasiado, y en eso se nos puede ir la vida. Otras veces el querer siempre algo más, nos lleva a pensar que en realidad nos gurdamos para ver si por si acaso aparece algo mejor en nuestros horizontes.
Como sea, al final para no arruinar nuestra vida en la opción equivocada, preferimos no tomar ninguna opción que pueda excluir otras. Buscamos mantener siempre todas las puertas abiertas. Esto nos cobra un gran precio. El precio que mas pobres nos deja una vez desembolsado. Nos cobra la auntenticidad y libertad de dar las respuestas que segun nuestras vivencias, aprendizajes, sentimientos, emociones y pensamientos, podemos dar a los problemas del hombre.
El compromiso, aquel que pareciera nos coarta la libertad, parece ser el medio por el cual nos podemos encaminar a liberarnos de tanta superficialidad.
En el camino del compromiso se aceptan los costos y sacrificios de nuestro caminar. Justamente lo contrario a lo que hacemos hoy en día, donde solo buscamos dejar la maxima cantidad de opciones abiertas para no tener que verselas con costos y sacrificios, sino con comodidad.

Anónimo dijo...

Estuve viendo el amanecer. Hace tiempo que no descubría el momento exacto en que el cielo deja de ser negro. Lo pude seguir a medida que desaparecían las estrellas. Vi aclarar mi alrededor, y convertir siluetas en árboles. Mudo sobre el pasto, los agudos cantos me rodeaban, y la gente empezaba a mostrarse. Me pareció todo tan real que me sentí ajeno. Era como un extraño visitante en un paraje lejano. ¿Es posible fingir tanto cuando el mundo se te muestra tan real? Ante cada saludo presentar una máscara. Eso sólo puede ser de noche, ¿cuándo amanecería? Si se siente tan real, tan completo el amanecer, parece natural querer buscarlo. Dejar de engañarse a uno mismo. Al fin y al cabo, el anochecer siempre estará ahí para tapar el arrepentimiento, la sinceridad y sus pobres consecuencias.

Pablo.